sábado, 20 de junio de 2009

EL JUEGO LECTOR. Cuando la magia del ataque es vencida por la escuela defensiva.

Jairo Aníbal Moreno Castro (1)

La lectura es un juego, no sólo porque constituye una fuente genuina de placer, sino porque es una actividad reglada, un ejercicio lúdico en el que se encadenan, al amparo de unas reglas determinables, movimientos (jugadas) de distinto tipo. En su esquema fundamental, la lectura y el fútbol son prácticas humanas similares: las tácticas y las estrategias de éste, encuentran en aquella un correlato sorprendente. Tanto en la lectura como en el fútbol, pueden reconocerse niveles diferenciales de desempeño, siendo el nivel superior- aquí llamado productivo- el menos alcanzado y al tiempo, el más generoso en emociones. En las sociedades alfabéticamente subdesarrolladas, son pocos los jugadores de alta competencia. El bajo número de jugadores superiores es promovido desde la escuela, instancia cultural en donde predominan las tácticas tradicionalmente defensivas; allí, los entrenadores y los entrenamientos están dominados por un anacrónico espíritu de zaga.

Solamente cuando el clima lector asuma contornos más racionales y modernos, este particular juego, casi que connatural a la naturaleza humana, tendrá mejores desarrollos. Estos planteamientos conforman el itinerario argumental del presente ensayo. Esas, son sus tesis principales.

En el texto, la relación lectura- fútbol es permanente; no obstante, en algunas ocasiones se incluyen a manera de texto alternativo (de intertexto) pasajes que tienen la función de resumir o quizás de traducir al discurso académico la metáfora sostenida del ensayo, de manera que el lector podría optar por el texto o por el intertexto que le es equivalente*.

Por otro lado, el ensayo discurre en tres tiempos: en el primero se hace la caracterización del juego, mientras que el segundo tiempo está dedicado a la descripción de los diferentes tipos de entrenadores y sistemas de entrenamiento. Finalmente, en el último tiempo del trabajo se adelantan las observaciones referentes al campo de juego: Espacio finito con coordenadas precisas de cuyos mojones depende la lucidez de las jugadas y el resultado general del juego.

A pesar de las evidentes diferencias en todos los renglones de su personalidad: en su estilo, en la calidad, y en el uso de sus estrategias; en su filosofía y mecanismos de entrenamiento; en sus motivaciones y en su rendimiento general, Talina, Tomás y Tina, son tres escolares colombianos unidos por una afición común: el juego lector.

Antes de comprometernos con el descubrimiento de las marcas distintivas de estos tres pequeños jugadores, conoceremos de cerca las particularidades técnicas de este juego universal, aclamado mayoritariamente por las sociedades avanzadas pero con frecuencia practicado en ellas con estilo primitivo y con resultados poco alentadores.













EL JUEGO
El juego lector es, en su esencia, una aventura altamente entretenida y notoriamente compleja por sus exigencias tácticas. Es, además, un pasatiempo inteligente y con-sentido, rico en alternativas placenteras, generoso en maniobras gratificantes.

Es un juego que expulsa los temores, amedrenta a los fantasmas y les corta el vuelo a los tedios y rencores. Es una actividad lúdica con requisitos y con reglamentos definidos. Para llegar a la excelencia en este juego es necesario satisfacer tres obligaciones mínimas: estar motivado para iniciarlo, tener una clara disposición mental para resolver con acierto las jugadas complicadas y conocer en detalle las características del campo de juego, su código particular, sus dimensiones, su textura y su estructura.

En cuanto a su desarrollo y tal y como sucede con nuestro deporte nacional, alrededor del cual se congregan tantas pasiones incontroladas, en el juego lector la ley es avanzar (ver gráfico No. 1) y conquistar, ojalá con el menor derroche de tiempo y energías, el campo enemigo.

En tal sentido, la mejor táctica es traspasar con agilidad la zona defensiva con el fin de preparar de la mejor forma la incursión en el ataque. Para cumplir cabalmente con este objetivo, es importante recoger, con la mayor precisión y abundancia, las ideas encontradas a lo largo de la cancha. El jugador que aspire a la victoria debe procurar, en cualquier caso, no quedar atrapado en el propio territorio.

Armar y desarmar, significar, relacionar y producir son las jugadas claves, de cuyo dominio total e integrado depende la avanzada victoriosa. No obstante ser cada una de tales jugadas por sí mismas insuficientes para garantizar un resultado ganancioso, frecuentemente ciertos jugadores se empeñan en especializarse de manera aislada en alguna de ellas. La zona de armado y desarmado es un sector marcadamente defensivo en el que la maniobra principal es destruir el mensaje del rival, conseguir descomponerlo para luego, al reintegrarlo, dotarlo de significado y de sentido. El sector defensivo o zona de las sensopercepciones (visográfica), es un espacio de tránsito obligado en el juego lector; sin embargo, las destrezas en este momento particular del juego no suponen por sí solas la victoria final. Es esta una zona básica pero escasa quizás en grandes emociones. Aquí el ejercicio muscular, el movimiento superficial, la repetición insulsa, la mecánica “insabora”, son las jugadas privilegiadas en contra de la dinámica mental, la intensión creadora y la actitud profunda. Centralizar el juego en esta jugada particular y en este reducido espacio de la cancha, es apostarle de entrada a la derrota. Con estrategias de tal tipo (5-4 -1, 4-3-3)[1] aferradas compulsiva y pasivamente a evitar que el contrincante nos domine, nuestras selecciones nacionales han tenido que ceder a otros - a quienes por temperamento y por cultura han sido educados para ganar- el privilegio de los triunfos definitivos.

Significar es la segunda estación del juego; aquí, el jugador busca y encuentra las ideas más convenientes para hacer de su esfuerzo una tentativa coherente. Es el instante en el que los movimientos se cargan de significado, se pulen de ambigüedades y de contrasentidos. Es la zona del medio campo en la que el juego comienza a ganar en claridad, en la que el ejercicio empieza a desnudar al talentoso. En esta zona particular del campo, el acento se desplaza del músculo a la idea; es “pensando” como se conquistan ahora los aplausos.

La ejecución del siguiente movimiento es el resultado de competencias más profundas e impactantes. Relacionar es en este instante el objetivo. Conectar los momentos anteriores con la puntada final, es la meta perseguida en esta jugada. El jugador que logre ejecutarla con habilidad será entonces capaz de comprender cada jugada particular desde la perspectiva general del juego; será experto, igualmente, para identificar vacíos, para señalar imperfecciones contrastando las partes y situándolas en el ámbito mayor del campo. Aquí, el juego se vuelve definitivamente entusiasmante. Relacionar un movimiento y el juego mismo con otros movimientos y con otros juegos realizados en distintos instantes y en los más diversos escenarios, es una meta cautivante; es un pase artístico envidiable, para el que la tribuna reserva sus mejores ovaciones. El pase largo que llega a su destino con gran puntualidad superando las barricadas levantadas por el adversario, es la jugada más brillante del lector relacional. De su estilo, los rasgos sobresalientes son: la velocidad, los desplazamientos en diagonal, la habilidad para copar y recorrer mentalmente todos los espacios del terreno.

Es la última franja del campo, el espacio ideal del creativo, ello es, del jugador divergente y mentalmente flexible. Es el lugar apropiado para construir los amagues más sublimes, originales y auténticos. El jugador entrenado para brillar en este sector específico del campo tiene ante todo vocación de atacante. Su estilo es esencialmente productivo, goleador. Agudeza mental, velocidad de asociación, habilidad para anticipar y cerrar con sorpresa, con lógica y determinación las jugadas fabricadas previamente, son las virtudes más notorias del lector productivo. Malicia para deducir con el menor indicio las pretensiones del rival, es así mismo, una cualidad distintiva de este jugador, quien, como ninguno, es un experto para fabricar jugadas impredecibles, para adobar con fantasía sus movimientos en el campo. Imaginación, desborde, agresividad, agudeza para interpretar los mensajes del contrario, contundencia y suspicacia mental, son las señales que distinguen al goleador, al lector con olfato de artillero.

Ese, grosso modo, es el entramado táctico de este juego complejo que, como ya se dijo, es practicado masivamente en las comunidades postmodernas pero en verdad, es débilmente comprendido y muy pobremente ejecutado. Las jugadas deslumbrantes, esas que por construirse en la parte superior del campo, en la “zona de candela”, provocan los sentimientos más duraderos, son en nuestras sociedades iletradas, antes que la norma, la excepción. El predominio de métodos de entrenamiento lo mismo que de entrenadores radicalmente tradicionales dispuestos más para la brega defensiva que para la aventura productiva, es quizás la explicación más convincente de la baja cantidad de jugadores de alto rendimiento y del precario fervor con el que regularmente el juego lector se practica en nuestras escuelas de formación. La consigna de los estrategas apoyados por el régimen, parece ser fortalecer la retaguardia para no sentir, o la vergüenza del vencido, o los riesgos del triunfo. Ante todo pareciera que el objetivo es no perder, así el cotejo quede diezmado por la liviandad, por la pasividad y por la monotonía. El propósito de los entrenadores de moda, antes que jugar bien, es jugar; así el juego se desarrolle tan sólo en los niveles más bajos.

Ahora bien, las diferencias particulares en el estilo y rendimiento de Talina, de Tomás y de Tina - motivo de las siguientes líneas- son promovidas por la misma fuente: la presión que desde las divisiones inferiores ejercen los entrenadores para que el jugador no adquiera sino destrezas superficiales y atomizadas. Así que cuando un jugador adulto es invitado -y a veces obligado - a jugar, está casi que irremediablemente sentenciado a la frustración por la derrota.

La lectura es una actividad intelectual sobre la cual descansan en buena medida las posibilidades de crecimiento personal y colectivo de las sociedades denominadas civilizadas. Su ejercicio supone la activación de unos procesos y de unas habilidades de distinto rango y cualidad: socioafectivas, cognoscitivas y comunicativas. Las primeras tienen que ver con las motivaciones previas del lector (Quintanal, 1996; Solé, 1992); las segundas con los repertorios mentales indispensables para un desempeño ganancioso (Brown, 1980; Bauman, 1990; Moreno, 1994; Colomer, 1993; Jolibert, 1995) y, por último, las terceras se refieren a las competencias lingüísticas e interactivas implicadas en el acto lector, entre ellas, el dominio del código especifico en el que está cifrado el texto, lo mismo que la habilidad para confrontarse con el interlocutor (escritor) en un” combate”permanente con el ánimo de conocer no sólo el peso de sus planteamientos sino la naturaleza íntima de sus intenciones. Obviando por ahora la polémica acerca de sí en la lectura son identificables habilidades menores o de sí, por el contrario, se trata de un proceso global, (1) asumiremos desde ahora una postura intermedia (denominada en su momento: Modelo de procesos y habilidades (Moreno, 1993). En el marco de tal modelo explicativo de corte modular e interactivo (de Vega, 1990), tanto la lectura como el lenguaje que la posibilita, dependen de cuatro procesos centrales, cada uno de los cuales sostiene un ramillete de habilidades específicas. Esos procesos puestos en su probable orden de aparición, desarrollo y complejidad, son: Análisis y síntesis; paso del significante al significado y al sentido; espacio interior e inferencia. El proceso de análisis y síntesis tendría el encargo de velar por los aspectos formales: percepción, identificación, reconocimiento, combinación, estructuración, etc. El proceso de paso al significado asigna preliminarmente contenido a las formas que van forjándose en el apartado anterior. Aquí, los significados son todavía bastante elementales, literales e inmóviles. Encontrar significados lexicales, identificar micro y macro proposiciones, así como también detectar anomalías de la coherencia interna del texto son acciones lectoras realizadas con la vigilancia celosa de este proceso. Unicamente en el módulo de espacio interior, el significado adquieren una mayor versatilidad. La reversibilidad significativa (textos cuyos significantes y significados pueden recorrerse en múltiples direcciones) es la cualidad principal de este proceso. Por último, el proceso inferencial, superior o productivo, bajo cuyo dominio el ser humano ejecuta las tareas intelectuales más agudas y brillantes, sería el responsable de la última puntada, de la lectura divergente; ello es, de la lectura conversatoria, inferencial y crítica. La conexión del texto con su contexto de producción y de lectura y la posibilidad de anticipar y de concluir un texto valorando lógicamente sus indicios, son las funciones más llamativas de este módulo cognoscitivo.

La meta en la lectura sería, sin duda, avanzar con prontitud y certeza hacia este último instante de construcción creativa de sentidos; meta que lamentablemente es alcanzada tan solo por una elite privilegiada, quienes de alguna manera consiguen hacerle el quite a las limitaciones de una cultura inmediatista en la que leer no pasa de ser una tarea auditivo-vocal y en la que la pedagogía asume como bandera despojar a la letra de sus connotaciones emotivas e inteligentes.

En resumen, pueden distinguirse tres niveles sucesivos de rendimiento lector: Básico, medio y superior, caracterizados cada uno por la mediación de unas operaciones mentales específicas, así:
SUPERIOR
* Transferencia
*Contextualización*Inferencia lógica *Hipotetización

MEDIO
* Relaciones internas y externas
* Conservación de significados
* Organización serial

BÁSICO * Reversión
* Clasificación
* Representación
* Asemejación
* Diferenciación
* Síntesis
* Análisis (separación)
* Retención
* Identificación. Percepción



LOS JUGADORES Y SUS ENTRENAMIENTOS
Un primer análisis de los participantes en el juego lector nos advierte que existen tres tipos distintos, aunque complementarios, de jugadores: los bajos o defensivos, los mediocampistas o significativos y los superiores o atacantes (Ver gráfico 2). En su orden, tales jugadores están representados en Talina, Tomás y Tina, cuyo estilo de juego se reseña enseguida.

Para iniciar, debe decirse que Talina es una oficial de la palabra, una militante dedicada de las letras que encara el juego con rigor. Del estudio de sus movimientos en la cancha se concluye que es altamente competente en lo que a armar y a desarmar se trata. De igual manera, no es menos hábil para las jugadas básicas de identificar, asociar, combinar y recombinar los movimientos del rival. Aunque es, como nadie, capaz de reconocer por sus rasgos externos los aspectos distintivos de las letras a pesar de sus aderezos distractores, su talento es demasiado inmediato, su poder no rebasa el umbral de las formas aparentes. Sus dotes son, en este sentido, impresionantes pero elementales. Su capacidad para “hablar en la cancha”, para sonorizar el juego con elegante ritmo y cadencias bien cuidadas no alcanzan a ponerla a salvo de la incomprensión ni del fracaso. Sin duda, se trata de una jugadora típicamente defensiva cuyo estilo la hace extremadamente vulnerable a desgarres musculares, a pérdidas de voz y a cansancio cordal. Al concentrarse obsesivamente en la zona más superficial del campo y en las jugadas más elementales del juego, pierde de vista el sabor del contenido.

Para Talina, las letras son formas algo insustanciales: la eme con la i, la pe con la a se asocian seguramente por la simple necesidad de no quedarse solas, de manera que la diferencia entre mapa y capa no va más allá de la “c” la misma “c” de: Cuando Carlota casualmente comía conscientemente carne con ciertos compañeros cornudos, Carlos, casi cónyuge, cabalgaba cerca con cabeza caliente con Camila, cazadora, casada, comprometida con Cesar Cancino. Carlota, Carlos, Camila, Cesar, cansados cancelan ciertos “conciertos”. Claman curiosas caricias; cuentan cuantos calmantes, cicatrices, condones...

La forma lorificada de jugar de Talina ha sido promovida con fervor por su entrenadora, una especialista bastante conservadora, formada en las escuelas más clásicas, aquellas que situaban en el desarrollo de destrezas particulares, la estrategia fundamental del juego. Una óptima preparación física parece ser el objetivo principal de cada entrenamiento suyo. El aprendizaje motor, es para ella, el motor del juego.

Analicemos, como testimonio, la siguiente sesión de práctica:

- Talina, concéntrate, respira profundo y repite con firmeza y claridad-- recomienda con aire ceremonial y un tanto militarista, la maestra Cleofe. Tres mugres gringos de alto grado, gritaron graciosamente a Graciela: Samper carece de gracia y de grandeza. Es hombre gris, grueso -con sobrada grasa- grosero, graduado en la granja agropecuaria llamada granada; es un gran gruñón quien agravó todo agrietando el magro presupuesto nacional.

- Separa las palabras, haz la pausa, observa que cada una tiene sus límites, todas presentan marcas diferentes en el cuerpo. Fíjate en GRACIELA tiene una forma esbelta, longilínea por momentos sin que se encuentre desprovista de curvaturas eróticas y seductoras. Su cuerpo se mueve en tres espacios: uno alto en el que la “L” se levanta como una torre celosa de su territorio; uno medio, ombligal, en el que las vocales (a, i, e) tienen instalado su fortín y, finalmente, un espacio subterráneo en el que la “g”, sembrada estratégicamente le aporta a la palabra profundidad y estatura. Claro está que hay formas más voluptuosas. Tal es el caso de “gringa”, o de “nalga”, cuyas redondeces le colaboran positivamente a la imaginación; al contrario de titi, forma des-carnada y fría, más apropiada para las represiones de un batallón de eunucos que para las pasiones de un jugador letrado.

-Talina, ensaya de nuevo. Lee con alegría; vocaliza, vo-ca-li-za. ¡Vo--ca--li--za. ! ¡Cuidado con las pausas!. Esmérate en la voz.

Porque nos separa, mi novia, que llegó de Cali, hábilmente pensó cortar lo que más me gusta: el teléfono.

-No., Así no. Ese es otro texto, lo has revuelto todo. Violaste los límites de las palabras. Ahora se nos viene encima la censura:

“¿Por qué no se para? Mi novia que llego de Cali. Hábil, mente pensó cortarlo. ¿Qué me gusta más? : El teléfono.

Escucha, parar y separar son dos acciones distintas aunque en ocasiones están bien conectadas. Segundo, yo solo tengo una novia (por eso debes leer: “mi novia, que llegó de Cali”,...). Tercero, ni es una mente hábil, ni pensó cortarlo, en ese caso quedaría mejor decir vilmente y no hábilmente. Haz irrespetado las señales de tránsito del texto. Debes aprenderlo: el punto es determinante, es autoritario, te obliga a descansar. Si es seguido, el reposo es momentáneo es como parar el trote para beber un sorbo de agua. Si el punto es aparte, en la pausa podrás tomarte el vaso entero. El punto ayuda para que no se confunda lo inconfundible.

El punto aparte es como el recreo en el colegio o el descanso antes del segundo tiempo del partido, es un reposo necesario para recargar las energías lo mismo que para reajustar las estrategias. Cuando el punto se encuentra al final del juego, el receso será mayor y más propicio para acumular nuevos deseos con destino a juegos posteriores. La coma, por su parte, a pesar de la fragilidad de su aspecto, tiene funciones importantes: es la cuota de suspiro. Sin ella, el juego sería un ejercicio logorréico desgastante; es útil para exhibir los quiebres de la voz; es un pretexto para la voluptuosidad y un aderezo prosódico para afinar los ritmos. La coma es ese instante de espera que sucede cuando el balón sale del campo: corto para repararnos del cansancio pero suficiente para reanimarnos la carrera. El punto y coma, signo caído en desgracia últimamente, tiene una personalidad ambigua, es como el color amarillo del semáforo en donde la quietud y el acelere procuran conciliar sus diferencias, se parece mucho a las personas sin criterio definido, listas siempre a aceptar, según la conveniencia, la palabra del otro como válida. Con él se suspende momentáneamente el juego, representa una pérdida deliberada de tiempo, útil para reorientar los movimientos.

Para abreviar, los entrenamientos de TALINA están sobrecargados de exigencias físicas. Su objetivo no es atravesar el campo para avasallar al enemigo, es tan sólo cohesionar la resistencia para evitar que el contrario avance. Con reconocer desde afuera y desde lejos las voces enemigas la entrenadora se contenta. Para ella la marca “a presión”, hombre a hombre, letra a letra, es la fórmula más práctica aunque en ocasiones tal disposición táctica no le alcance ni para prevenir empates ni autogoles. A propósito de la entrenadora hay que decir que fue formada en los conceptos tácticos que hicieron (a mitad de siglo) de este juego un ejercicio, mezquino en emociones, aversivo y sobre todo vacío. Sólo tangencialmente sus esfuerzos tienen algún significado. Talina es, en consecuencia, una jugadora tipo B: Bajita, bien blanda, bobaliconamente balbuceante.

Incluir aquí gráfico 2
Tomás, por su parte, es un jugador de medio campo. Las habilidades que demuestra en la competición, sobrepasan de lejos las de Talina. Para Tomás, el juego es necesariamente un pasatiempo con - sentido. Su atención está puesta fundamentalmente en reconocer “las ideas” escondidas en cada giro, en cada finta del contrario. Es el jugador del equilibrio, su juego es sustancialmente mejor en tejido y coherencia. El pase corto en cualquier dirección, es su mecanismo de hilván más socorrido.

El estilo de Tomás es entonces, significativo, aunque debe reconocerse que es poco efectivo y algo estático; sus jugadas son fácilmente previsibles; en tal sentido, su éxito se circunscribe a la zona mental del medio juego, de ahí en adelante su falta de sorpresa, y su ingenuidad para esquivar las trampas y las genialidades del rival, le restan contundencia. Su habilidad para buscar y encontrar espacios significativos en la cancha, desentona con su dificultad para construirlos, es frágil para pensar en opciones no evidentes; medroso un tanto para agregarle al partido nuevos contenidos.

Su forma de juego ha sido forjada a partir de estrategias no solo musculares. Sus toques” reflejan una disposición psicológica importante y son el efecto de un entrenamiento más enfático en tácticas conceptuales. A pesar de que sus disparos terminan frecuentemente en la barrera debido a la imperfección de sus desplazamientos mentales, de sus pases al vacío (en espacio interior), Tomás es un profesional con rendimiento muy superior al promedio. En un país de lectores defensivos su desempeño no deja de ser envidiado.

Para conocer más acerca de sus atributos, acompañémoslo a uno de sus calentamientos semanales orientado por su director técnico, un experto graduado en la escuela norteamericana que a mediados del presente siglo reinventó las modalidades del juego dotándolas de mayor dinamismo y profundidad.

- Tomás, lee despacio y en silencio para no desperdiciar energía. En el juego, el silencio es provechoso; el sonido te aminora la atención y con ello las ideas se te ocultan. Así que olvida el ropaje de las letras; mejor que eso, obsesiónate por el contenido del balón, por los misterios que almacena.

La selección colombiana de fútbol, que es un equipo suficientemente desgastado resultó menos inefectiva que su similar de Argentina, conjunto éste que a su vez es menos efectivo que Paraguay, cuadro que cuenta con un guardavallas tan experimentado como “bocón”.

Tomás, tómate tu tiempo. Separa las ideas; mira los matorrales pero sin perder de vista la totalidad de la selva. Descubre así los sin - sentidos. Que no te desanime la obligación de correr, recorrer y descorrer el terreno repetidamente. No te detengas en las palabras, definitivamente porque son, antes que ellas, las relaciones que mantienen entre sí, las que guardan los misterios que tú debes buscar. Buscar es la propuesta. Buscar es la estrategia. Busca la idea principal puesta artificiosamente en los rincones del campo. Busca los planteamientos de menor jerarquía. Busca los reportes principales de la estructura. Descubre rápidamente quién es y en dónde está el capitán; de quien provienen y a quienes se subordinan los demás. Analiza bien. Es allí, en la cancha y no fuera de ella en dónde están para ti, las respuestas que reclamas:

-Entre los equipos mencionados,
¿Cuál es el menos efectivo?
¿Cuál es el más efectivo?

Con el ejercicio anterior adquirirás elasticidad; tu cerebro quedará habilitado para empresas más arriesgadas como invertir, revertir, seriar, conservar, clasificar y transferir, jugadas de laboratorio imprescindibles dentro de cualquier avanzada comprensiva. Para complementar tu entrenamiento, preparado con la idea de aligerar tus recorridos mentales, ejecuta el siguiente ejercicio consistente en una serie de saltos “mortales” hacia delante y hacia atrás que deberás realizar sin abrir los ojos y sin que puedas moverte del banquillo. Atención, salta a la cancha:

Él, no pudo creerlo en ese momento. Acababa de verla allí en el bar, muy achacada, algo sucia y como siempre vacía. ¿Qué le había ocurrido? ¿ Por qué estaba así? Se preguntada Tito mientras el mesero y el administrador esperaban con la cuenta. No tengo un sólo peso - Dijo Tito - Mi billetera está desocupada tendré que pagársela otro día.

Párate en Él y brinca en la dirección más conveniente hasta encontrar a qué se refiere. Realiza lo mismo con LO; con LA; con ALLÍ; con LE. No te impacientes si alguna acrobacia resulta demasiado larga o si algún distractor te enlaberinta. Las anteriores son gambetas que harán de ti, un jugador más elegante, más seguro para deslizarte por el campo. En este juego, quien se declara torpe para saltos de este tipo, no tiene otro remedio que rendirse. En resumen, Tomás es un jugador tipo M: Mediano, más o menos mentalista, moderadamente mágico, mesurado.

Finalmente, de TINA hay que decir que su puesto es el ataque. Es, entre todos, la jugadora mejor escalafonada, la más profesional, cotizada y mundialista. Su estilo es sólido, predictivo y profundo. Para sus rivales, su juego es sucio e inclusive peligroso. De rivales tiene muchos: en los medios de comunicación, en donde son más aplaudidos los jugadores destructores, repetidores de jugadas repetidas; en la escuela, en donde su juego es percibido en extremo malintencionado quizás por la sobredosis de preguntas, malicia y picardía que contiene y en la familia, en donde con dificultad encuentra un espacio llano, para practicar. Lo cierto es que TINA es experta en disparar más allá de sus narices; es capaz de sobrepasar los límites del campo. Sus disparos son de largo aliento. Su juego es valorativo, es asociado, es un juego de intercambio, firme en la confrontación cuerpo a cuerpo y oportuno a la hora de aprovechar los espacios libres. Juega con talento en todos los lugares de la cancha con, o sin balón. El tiro libre e indirecto es su especialidad. Lo realiza con efectos personales y con curvas especiales.

Tina es una jugadora polifuncional, su saber no es de detalles o de habilidades segmentadas; su forma de jugar apunta más a lo global, sin que de ello se deduzca que desconoce las jugadas de sus colegas TALINA y TOMÁS. El juego de TINA es sorpresivo, no se detiene delante de imposibles. En lugar de ello, su táctica es jugar con la ilusión, con lo oculto, con la creación de lo apenas esbozado. Su fuerza constructiva puede deberse al vigor de sus múltiples inteligencias: a su inteligencia espacial que la dota de una gran “zancada” con la que puede pasar con naturalidad de un campo a otro, de una situación a otra, a su inteligencia lógica que la apoya en sus intentos de concluir las jugadas que otros han dejado en estado de pregunta; a su inteligencia narrativa fortín inexpugnable de la cohesión y fantasía de sus cabriolas; a su inteligencia emocional, punta de lanza de sus avances maliciosos. En conclusión, TINA es una jugadora tipo S, (superior, sobresaliente, superdotada, sigilosa, soberana, singular, siempre simbólica, sinceramente sorprendente). Sus puntajes en el gozómetro (instrumento válido, confiable, sensible y estandarizado creado para medir las ganas de jugar) son siempre elevados. De su directora técnica se conoce que tiene un espíritu aguerrido; que es aficionada a la zancada que anticipa, a la pirueta que sorprende y paraliza. La duda metódica y el interrogatorio persistente son sus dos armas favoritas, aprendidas en las recientemente fundadas escuelas psicológicas, lugar en el que la maniobra mejor entrenada es la de crear, transgrediendo si es que es necesario las fronteras de la cancha. La entrenadora de Talina le apuesta seriamente a la victoria; confía en que la fuerza de la astucia debilite los planes enemigos. Está convencida de que el magnetismo de la imaginación, atrae, doblegándolos, a los fantasmas del aburrimiento.

Sus prácticas de calentamiento transcurren como sigue:

TINA, luego de revisar el texto que te doy, danos una prueba de tus habilidades de cierre, regalándole las últimas tres líneas:

Definitivamente creo que es cierto lo que decía mi abuela. “No importa el color del gato, lo importante es que cace ratones”; por tal razón, si no puedo reemplazar la pluma que heredé de ella y que perdí en la despedida de soltera de mi suegra ______________________________________________________________________________________________________________________________________________

Y como veo que te sobran energías, descubre el misterio de las no palabras o de los conceptos extraños y artificiales que se esconden en el siguiente chisme:

Tú eres muy PACUTA. Juanita.
- CUTA es la alfombra que trajo mi papá, como la de los cuentos orientales - Dijo Juanita y salió PAPILI hacia la esquina. Allí, estaba PILI durante más de una hora pensando que ella es, en verdad muy PALUNA de todas las otras niñas, aunque Juanita protesta gritando que LUNA es lo que todo los días le inyecto a mi estilógrafo.

Para poder apuntalar tu poder inferencial completa el siguiente juego de palabras:

Y él, era poco serio porque ___________ _________ ____________

Si has pensado completar con “se reía estruendosamente”, o con “molestaba a todos”. o con “se divertía mucho”, debes, entonces, realizar un esfuerzo adicional. Las anteriores no son respuestas efectivas para el texto dado, a pesar de que guardan con él una relación significativa evidente. Analiza mejor los rasgos externos del terreno, dibuja su silueta:

Y
Él
era
poco
serio porque...
De esa forma podrás cerrarlo acertadamente:
y
Él
era
poco
serio
porque
siempre iracundo insultaba.....
Para que no quede duda de tu capacidad goleadora, encuentra en el siguiente texto y velozmente el chimpancé perdido:

Aquí terminó el entrenamiento de hoy. Si lo repites a diario, incluyendo otras jugadas similarmente espectaculares, como intentar descifrar el juego antes de empezar el partido, como someter al texto a un cuestionamiento despiadado, o como suspender el juego temporalmente para soñar con los finales menos esperados, seguirás siendo una jugadora de ataque incontrolable.
Aunque siga siendo una idea controvertible, hay no solamente en la teoría (Irwin, 1986) sino también en las prácticas diarias de enseñanza y de evaluación de la lectura, argumentos a favor de la existencia de distintos tipos de lectores y de diferentes niveles de desempeño lector originados por diversas causas: situacionales, experienciales, cognoscitivas, culturales y pedagógicas. En cuanto a estas últimas, es bueno acomodarles su cuota de responsabilidad ya que los métodos utilizados en la escuela para la enseñanza de la lectura, lejos de promover un desarrollo autónomo y pleno de la palabra escrita, lo que han hecho es rodearla de trabas desestimulantes. En sentido estricto, tales métodos no son sino el efecto de los modelos de explicación construidos por los teóricos desde distintas perspectivas conceptuales. Perspectivas que pueden agruparse en tres (Aulls, 1989): modelos de destrezas; modelos psicolingüísticos clásicos y modelos psicosociolinguisticos o discursivos. Los primeros, fundamentados principalmente desde la psicología conductista, son los que han influido mayormente la enseñanza de la lectura; la conciben como una suma de destrezas separadas, ordenadas invariablemente de lo simple a lo complejo y referidas casi que exclusivamente a la esfera sensoperceptual de lo significativamente literal. El uso desmesurado y acritico de este enfoque ocasionó, por una parte, una ritualización esquelética del acto de leer, y, por otra, la presunción infundada de que la significación o estaba por fuera de dicho acto o era de importancia reducida. El número elevado de lectores básicos o analfabetos funcionales (De Vega, 1990) es una consecuencia directa de la persistencia en los enfoques de destrezas llámense fonéticos, silábicos, lexicales, e, t, c. Los modelos psicolingüísticos iniciales (Goodman, 1980), tienen como premisa esencial que es en la búsqueda activa de significados y de sentidos en donde se ubica el centro de la práctica lectora. Los significados son aquí reconstruidos, buscados, mediante un proceso mental activo y complejo; finalmente, los modelos discursivos derivados de los anteriores (2) dirigen su atención principalmente a la interacción dinámica entre TEXTO-LECTOR - CONTEXTO (Adam y Collins, citados por Colomer, 1993; Alonso y Mateos, 1985; Solé, 1987; Irwin, 1986). La interacción, mejor llamada transacción - como lo propone Rosemblat, 1988- , es vista como un requisito para la obtención de comportamientos lectores eficientes y superiores; esta interacción no puede realizarse al margen de las inferencias lógicas, pragmáticas y causales que todo lector productivo hace como reflejo de su pensamiento divergente. El paso definitivo del texto al contexto, del lector pasivo y defensivo al lector con elevada cuota de creación, es el rasgo resaltante en los modelos discursivos.

EL CAMPO DE JUEGO

El terreno en el que cada jugador despliega lo mejor de sí, es un factor primordial para un juego de calidad. En ocasiones, las fracturas del campo, sus quiebres, sus excesivas sinuosidades y desorganizaciones, son obstáculos que limitan el ritmo del juego, minan la emoción y oscurecen su esencia significativa. Un campo en malas condiciones provoca lesiones, inclusive irreversibles, en los jugadores recién iniciados o mal preparados; suscita conflictos estériles y patrocina deserciones. Un terreno des-estructurado dificulta el “toque - toque”, imposibilita el pase profundo y anula el juego colectivo.

No sólo la estructura del campo de juego es una variable del triunfo en la lectura, también lo es sus dimensiones. Cuando la longitud del terreno sobrepasa las capacidades físicas y mentales que cada jugador tiene para recorrerlo, el desgano, la atrofia y las lesiones emocionales permanentes son las respuestas más probables. Es este un error frecuente de muchos entrenadores quienes queriendo obtener rendimientos con la mayor precocidad, cargan desproporcionadamente de volúmenes de trabajo a los jugadores principiantes. Otra acción equivocada es someter a los atletas escasamente preparados a jugar de visitantes, es decir, a actuar en canchas desconocidas. Oficiar de anfitrión es una condición para lograr altos rendimientos. El juego debe entonces realizarse en escenarios próximos al entorno del lector, a sus circunstancias vitales, a sus marcos de referencia, para poder pronosticar resultados favorables.

Como conclusión, hay que subrayar que la lectura es un juego completo en el que la preparación individual, las condiciones físicas del campo y la calidad del contrario, son los factores determinantes de su efectividad. Jugar bien es jugar con dinamismo en todos lo flancos (por la izquierda, por la derecha, atrás y adelante) como lo aconsejan los expertos (Fox, 1989) (3). Jugar bien es hacerlo divertidamente y sin prejuicios; es moverse en el campo con desenvoltura e intención goleadora. Jugar bien es sorprender sin dejarse sorprender. Debe aquí reconocerse una vez más y con cierta desilusión, que en nuestro país por falta de entrenadores y de entrenamientos mejor comprometidos con las tácticas más progresistas, son escasos los campeones. Así que nuestro estilo continúa siendo disgregado y defensivo.

Es urgente entonces, que los directivos nacionales, los rectores espirituales de este juego popular presionen a sus entrenadores para que incluyan en el juego estrategias más sólidas en lo interactivo, más versátiles en lo colectivo y más agresivas para el ataque. Es urgente también crear un clima social en donde el jugador, el juego y su aprendizaje, tengan opciones genuinas de crecimiento; en donde los argumentos no se resientan caprichosamente con la controversia; en donde buscar no tenga menos valor que encontrar; en donde el juego se promueva de una manera menos fortuita, intuitiva y axiomática; en donde se tolere la duda no como una tragedia sino como una virtud y en donde las verdades sean reales episodios de conquista y no concesiones cómodas y dadivosas. Tal es la ambientación necesaria para que en este y en todos lo juegos académicos opacados en su deleite, empecemos a sentirnos ganadores.

De cualquier forma, el juego lector ha sido y será por mucho tiempo capaz de sobrevivir al juego sucio de sus enemigos. Ha sido resistente a todas las miserias humanas y a todos los embates pedagógicos para desalentarlo. No obstante, es precisamente de este sector cultural - de la escuela y sus maestros - de donde están por venir las mejores jugadas para que algún día, en el país de nuestros nietos, la lectura sea un deporte grato y ganancioso para todos.

NOTAS
(1) La discusión acerca de sí la comprensión humana y específicamente la comprensión de los textos escritos, es el resultado de la acción de un grupo heterogéneo de habilidades susceptibles de ser escalonadas según su complejidad, o de sí, por el contrario, se debe a la activación de un proceso global e indivisible, parece, por lo menos en el discurso académico, resuelta a favor de la segunda opción. Sin embargo, ni en las prácticas pedagógicas ni en los desarrollos investigativos (Dubois, 1989b) la situación está definida. Comúnmente toda presentación de la comprensión lectora a partir de un abanico de habilidades, es castigada con el calificativo de tradicional y sentenciada instantáneamente al escarnio intelectual, mientras que, contrariamente, toda explicación global o unitaria es recibida sin la menor desconfianza. Sin duda, las dos alternativas pueden inducirnos a equívocos. Es igualmente erróneo, describir la complejidad del proceso comprensivo sobre la base de unas cuantas habilidades menores, como suponer que la inteligencia humana responde con un mecanismo general, abstracto, indiferenciado y gobernado por la ley del “todo o nada “ a todas las exigencias comprensivas. En este punto, parece todavía plausible la interpretación de la mente como un sistema de módulos relativamente autónomos pero intercomunicados (Fodor. 1988) .. Esta es la perspectiva dentro de la cual debe leerse el presente ensayo. Aquí se piensa que el acto lector es producido por un dispositivo mayor dominado por el lenguaje interior el cual, no obstante, realiza tareas selectivas bajo la supervisión de unos procesos o módulos particulares. Dependiendo del grado de desarrollo - o de cómo se activen en cada tarea de lectura - podrán distinguirse niveles diferenciales de desempeño lector, hecho que aunque incomoda a una franja importante de especialistas, ha podido verificarse en sujetos con lesiones cerebrales y con distintos trastornos neurodiscursivos (modelo de procesos y habilidades, MPH, Moreno, 1993).

(2). Los aquí denominados modelos psicosociolinguisticos o discursivos son aquellos que manteniendo el acento en la construcción de significados, interpretan el acto lector como una manifestación discursiva: enteramente intersubjetiva, cognoscitiva y emocional; en este sentido, constituyen con relación a los modelos de procesamiento de texto, un paso adelante.

(3). Neurolinguisticamente, jugar en toda la cancha, a propósito de la lectura, significa como lo sugiere Fox, (1989), utilizar el cerebro en toda su dimensión: el hemisferio izquierdo para procesar lingüísticamente y en detalle la información textual, y el hemisferio derecho para tramitar los aspectos comprensivos más globales contextuales e interpretativos.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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-------------------- (1989b). Algunos interrogantes sobre comprensión de la lectura. Material mimeografiado.

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[1] Formas de organización de los jugadores en la cancha que en el fútbol actual son usadas con intención defensiva. Significa, Para el primer caso, ubicar cinco jugadores en la zaga, cuatro en el sector del medio campo y uno solamente en el ataque.

viernes, 19 de junio de 2009

De la peste del lenguaje, a la peste del silencio. (La depresión cognitiva)











Jairo Aníbal Moreno[1]
“El sujeto no llega a serlo por sus experiencias singulares, ni por su desarrollo autónomo, ni por la madurez neurológica ni por el despliegue de una libertad esencial, sino que está constituido como tal a partir de los requerimientos emitidos por la estructura social”( Braunstein)
Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé . . . En el quinientos seis y en el dos mil también.
( Enrique Santos Discepolo)


Aquella vieja peste del lenguaje.
Antes de subrayar la palabra menos corta de la siguiente oración ( “ No gana siempre distancia el hombre que más camina”) , tache una que no empiece en consonante ni termine en vocal. Todo ello, después de dibujar un círculo que no sea menos pequeño que un árbol y de haber ordenado(primero) la oración en cuestión de la palabra menos larga a la no menos larga. Recuerde que antes de realizar cualquier acción, debe firmar la hoja con el marcador que encontrará en el pupitre cuya llave está guardada en el cajón del escritorio del maestro.

Consignas como ésta, son en apariencia – y para no pocos, también en esencia - triviales, descontextualizadas y más propias para juegos insulsos de salón mientras termina la alocución presidencial y reinicia la telenovela, que para calibrar de manera fundamentada y consistente procedimientos cognitivos y gimnasias lingüísticas. A pesar de ello, tales tareas sirvieron hace veinte años[2] para perfilar la talla, los estilos y los mecanismos de procesamiento de información de un grupo de universitarios de distintas parcelas del saber y de diversas comunidades educativas nacionales.

Las respuestas que los varios miles de aprendices estudiados dieron a los desafiós formulados en aquella indagación de espíritu exploratorio y preliminar, sirvieron para ratificar el diagnóstico entonces formulado por Calvino ( 1989). Según el pensador y fabulador italiano una epidemia pestilente

azota a la humanidad en la facultad que más la caracteriza, es decir, el uso de la palabra; una peste del lenguaje que se manifiesta como una pérdida de fuerza cognoscitiva y de inmediatez, como automatismo que tiende a nivelar la expresión en sus formas más genéricas, anónimas, abstractas, a diluir los significados, a limar las puntas expresivas, a apagar cualquier chispa que brote del encuentro de las palabras con nuevas circunstancias.[3]

En efecto, así fue. Los resultados obtenidos conmovieron por el descuido de los sujetos escrutados hacia las secuencias temporales; alertaron también acerca de cierta actitud de desánimo para iniciar o mantener intercambios comunicativos; llamó así mismo la atención alguna dificultad encontrada para procesar enunciados con textura inversa, reversible o negativa.( no menos x) ; sorprendió la dependencia de los escolares a formas de expresión semánticamente planas, vestidas sin recovecos ni aderezos sintácticos. Los resultados alarmaron igualmente acerca de las inestables estrategias comprensivas utilizadas por los evaluados. Pusieron en evidencia la creciente y autística resistencia a la palabra, al verbo, a la novedad y a la sorpresa y forzaron la reflexión en torno de sus implicaciones intelectuales, de sus consecuencias en el aprendizaje, de sus efectos en la convivencia cotidiana.

En términos concretos, de los universitarios del estudio, no pocos transgredieron la secuencia de acciones. Una porción significativa de ellos, mostró su preferencia por los monosílabos SI, SI, SI, y a veces NO, EL, QUE y MAS, y al tiempo, su desafecto por palabras, según ellos no menos cortas como SIEMPRE, GANA DISTANCIA y CAMINA. Así que palabras como ETERNIDAD, SINIESTRA, DICTADURA, PARAMILITARISMO Y REELECCIÓN ( esta última, por fortuna no instalada aún en los archivos cognitivos del colombiano del milenio anterior) fueron descartadas. No fueron percibidas como “ menos cortas”.

De igual manera, quedó claro, penosamente claro, claramente claro, que los escolares nacionales- sobre todo los varones- prefieren los circulotes a los circulitos. Fue así como arboles pequeñitos fueron apabullados con poca consideración por círculos descomunalmente agresivos. La expresión “ no menos pequeño, fue entonces, asimilada curiosamente a no pequeño, es decir a grande, a muy grande. Hoy, veinte años despues, cuando la tendencia de convertir lo negativo en positivo es casi una consigna nacional, cuando los falsos positivos ,no son negativos vergonzosos, sino por el contrario” actos dignos de mención, por no decir notables”, como dijo y seguramente volvería a decir Benedetti, podría explicarse con mejores argumentos las razones de tales confusiones.

Motivada por las anticipaciones y propuestas para el siglo veintiuno, expuestas por Calvino[4], la investigación en referencia dejó al descubierto una tendencia lingüística y comunicativa preocupante. Fue suficientemente explícito, para el sector poblacional analizado, un estado casi general de desarreglo comunicativo, una escasez significativa de recursos expresivos y un deteriorado desarrollo comprensivo. Estado al que entonces denominamos sociopatologías de la comunicación y que fue caracterizado o tipificado ( como suelen decir los hombres del derecho) en cuatro entidades : adinamias comunicativas, estilos protolinguísticos, verbofobias y patosemias.

Como adinamia comunicativa, membrete acomodado de la neurolinguística más tradicional ( Luria, 2000), entendimos el desánimo para iniciar con espontaneidad circuitos conversacionales, la ténue regulación de la actividad a traves del discurso inteligente, el mínimo peso creativo en la actividad verbal. Por Estilo protolinguístico comprendimos en ese momento, la elementariedad formal de las expresiones verbales, el infantilismo sintáctico, el uso de estructuras linguísticas recortadas y con baja variación. Patosemia, concepto que queremos conservar, hacía referencia a la frágil comprensión discursiva, a las dificultades para procesar información con complejidades en la construcción sintáctico-semantica de los enunciados. El procesamiento sígnico se dificultaba ante formas poco ortodoxas de enunciación. (“ El hijo del hermano del padre de mi madre”). Finalmente, denominamos verbofobias, concepto próximo a la psiquiatría, a una innegable actitud de indiferencia, cuando no de repulsión, por la palabra – más la ajena que la propia – a cierto resquemor por el discurso, por la idea.

Las razones para que la inteligencia linguística tropezara con las barreras mencionadas, fueron de corte sociocultural. “Requerimientos emitidos por la estructura social”, más allá de las cada día crecientes amenazas afectivas y neurológicas. Aceptamos inicialmente la explicación de Calvino en el sentido de que en las sociedades contemporáneas la vida está signada por rasgos perversos que sesgan la convivencia: la rapidez ( “su llave en un minuto"), la extremada concreción, la tendencia al uni-forme, la levedad como norma, la superficialidad. Las anteriores son marcas sociales que dirigen la actividad intelectual por caminos llanos, preconstruidos para salir del apuro, para calmar las urgencias comuncativas sin riesgo de novedad ni de conflicto.

La peste del silencio. La depresión cognitiva, como una manifestación maligna de un estado de conmoción interior.

Desde el año 2007, con similares soportes conceptuales[5], con parecidas intenciones epistemológicas, aunque con instrumentos metodológicos más depurados, estamos realizando[6] una nueva exploración de los procesos del pensamiento y del lenguaje involucrados en tareas académicas de comprensión. Ésto, en un colectivo de universitarios y profesionales de tres instituciones nacionales de Educación superior . Los resultados, todavía no definitivos, pero sí suficientemente esclarecedores, muestran con relación a 1989, una situación notablemente agudizada. Los nuevos datos coinciden en lo fundamental con los reportes pesimistas que desde diferentes instancias[7] se han producido en las dos últimas décadas. Los resultados alcanzados por nuestros escolares en evaluaciones internacionales PISA, LLECE, SERCE, leídos en el marco de una reflexión pedagógica contempoiránea, confirmán no sólo que, como nos recuerda el tango, “ veinte años no es nada” , sino que

En razón a distintos determinantes socioculturales, somos - en verdad - una sociedad cognitiva y progresivamente deprimida, y que tal depresión está motivada definitivamente en el juego social convirtiendo a nuestros escolares en poblaciones de aprendizaje, significativamente vulnerables. Comprensivamente livianas. En ese escenario, la institución educativa, llámese universidad ( principal entorno de socialización del hombre actual) sus visiones, sus pretensiones, sus métodos, se convierten quizás en la primera fuente de barrreras para el aprendizaje, al tiempo que el maestro, en todos sus niveles de acción y esferas disciplinares, recibe un nuevo encargo social : contribuir con el desarrollo de los procesos intelectuales que hacen del aprendiz un ser mejor equipado para comprender y un humano mejor habilitado para vivir simbólicamente.

Por depresión debe entenderse aquí, la situación en la que algunos procesos, eventos o fenómenos se encuentran dramáticamente por debajo del nivel regular o esperado. En un escenario clínico, depresión ( en latín, abatido, derribado), es un trastorno afectivo, confundido desde Hipócrates con la melancolía. Trastorno comprometido con algo más del treinta y cinco por ciento de la infelicidad colombiana. Responsable en altísimo grado de tristezas, pérdidas de humor, rendimientos laborales deficientes, angustias sexuales y suicidios.

La historia ha dado fama a depresiones de diversa índole. Son, por ejemplo, famosas las depresiones de Hemingway, Virginia Woolf, Alfonsina Storni. Inolvidables , porque de ellas surgieron manifestaciones artíticas de sumo talento, las depresiones reforzadas con serios episodios delirantes de Van gogh , Rembrandt y Dalí. No hemos podido olvidar del todo la Gran depresión[8] norteamericana de los años treinta del siglo anterior ,conjurada por el depresivo y tartamudo Roosevelt. Su fantasma aún ronda las Bolsas de valores del mundo y todavía sigue alimentando más de una tertulia de historia económica.

Por su parte, la depresión cognitiva, nuevo mal del milenio que amanece, disfunción de incursión insidiosa y galopante, tiene como síntoma más notable el silencio. No el silencio que el hablante elige como estrategia discursiva para decir mucho sin tener que decir nada, sino el silencio que el entorno impone, que la alienación ordena y la represión motiva. Silencio ya no sólo por ausencia de palabras o por falta de son-ido, sino por angostamiento de los procesos superiores de significación y, en consecuencia, por estrechamiento de la comprensión de textos y discursos. Este nuevo mal trae consigo una recesión intelectual pestilente y sin tregua. Se hace visible especialmente en el relajamiento progresivo de dos módulos de la cognición: el RELACIONAL Y EL PRODUCTIVO, responsables directamente de la sentida defragmentación discursiva lo mismo que de las severas dificultades de contextualización que declaran los estudiantes colombianos. Sobre ellas, quisiera ocuparme enseguida.
En cuanto a lo RELACIONAL, debe anticiparse que es un aspecto principal y una cualidad definitoria de la condición humana. Es la posibildad que tenemos los humanos de percibir y procesar el mundo no como una suma de objetos, anécdotas y eventos, sino como una red dinámica , unitaria y compleja de significados. Simondon, el reconocido filósofo francés, desarrolló con acierto la tesis ya enunciada por Nietzsche, Spinosa, Croce[9] y Tarde.« el ser es relación » y en general « toda realidad es relacional ». Ni las palabras, ni las ideas, ni las imágines, viven en la mente humana como Robinson crusoe en su sosegada isla solitaria. Tal vez, ese sea el sentido de la confesión de Lacan: Mi discurso procede del siguiente modo: cada tèrmino se sostiene sólo en su relación topológica con los otros" [10].Ese puede también ser el motivo de esa carrera loca , en ocasiones irreflexiva y salvajemente instintiva, que emprendemos los animales racionales para conseguir relaciones irracionales, para relacionarnos , para aparearnos carnal y espiritualmente. Carrera extraña y absurda, sobre todo cuando se efectúa, como suele acontecer, después de haber realizado tantos y no menos intentos instintivos por romper las relaciones.
Es la relacionabilidad, el pensamiento relacional, la integralidad, o como a veces preferimos denominar, Ia conciencia o sentimiento de totalidad, una arista cognitiva de muy baja presencia en los escolares colombianos. El apego fanático por los detalles en contra de las totalidades; la tendencia a fragmentar la vida; la obsesión por la anécdota, por encima de la historia; la tendencia a leer palabras más que tramas conceptuales; el estilo de escritura que suma ideas inconexas que no progresan y carecen de unidad; la dificultad para pensar una teoría desde sus vínculos intertextuales; el aprecio en ocasiones desbordado por las disciplinas con desprecio por la mirada inter y transdisciplinar, la descalificación del otro por una circunstancia netamente accidental, la confusión de estar con ser ( “ es malgeniada, cuando sólo está malgeniada”, “Es bueno, cuando solamente está bueno” ) son comportamientos producidos por un pensamiento fragmentado, particularista, atomizado, sincrético, lineal y “plano”. Modalidad de pensamiento, aplaudida, exigida y reclamada por la escuela colombiana.
De acuerdo con Bacon el mundo está colmado de fanáticos, idiotas y cobardes (“Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde”). En ese mismo sentido aventuramos que la escuela nacional, con preferencia la universitaria, que por definición debe ser universal, integradora y flexible, es un territorio en el que cada día es más evidente que unos no quieren pensar; que otros –hay que decirlo- no pueden, que muchos no se atreven y que los más, quienes ostentan el poder para hacerlo, no dejan. Nos distraen con propuestas de detalle. Fanáticos, idiotas, cobardes y dueños del saber.

La PRODUCTIVIDAD o pensamiento aplicado, CONTEXTUALIZADO y productivo, es la segunda arista de la cognición superior encontrada en situación de depresión en la investigación no clausurada que aquí se comenta. Contextualizar es la meta del aprendizaje. Es la manifestación suprema de la mente humana. Signica transferir la palabra a la acción, la teoría a la práctica. En sentido llano, contextualizar es convertir en hechos el discurso. Usar la teoría para producir interpretaciones, soluciones, propuestas de acción, transformaciones reales y efectivas.

El pensamiento productivo y contextualizado es radicalmente crítico. Es creativo, constructivo e innovador. Es divergente, ello es, orientado hacia hacia destinos no convencionales. Es un pensamiento que acepta, admite y se fortalece en la contradicción.Todas las anteriores, son señales esquivadas por las instituciones escolares cuya misión pareciera ser contraria: la construcción de hombres angustiados por la novedad y el cambio; hábiles para consumir, medrosos para producir; bien equipados para creer, indispuestos para crear; hombres seriados, intolerantes, esterotipados. Como escribimos hace una década: “La escuela nos hace tan pequeños que no nos cabe lamenor duda”[11]

La depresión cognitiva, con sus síntomas de defragmentación y descontextualización, ataca decididamente la comprensión. Formas complejas de enunciación ( Luria, 200) en las que el procesamiento de la información requiere de movimientos relacionales y de desplazamientos contextuales, son incomprendidas en la escuela. No comprendemos textos sintácticamente exigentes. Perdemos el combate con las negaciones, las reversiones, las subordinaciones, las comparaciones ( “ Aunque,los maestros colombianos no son menos incomprendidos por las niñas que por sus jefes, su desempeño no es nada irresponsable”) . Cuesta mucho identificar en los textos consumidos, ambiguedades, contrariedades, incoherencias, presuposiciones, inconsistencias, propuestas deshonestas, intenciones prejuiciosas. Así, la vida intelectual del escolar queda letalmente reducida y el escolar mismo, sentenciado a un despliegue ingénuo de sus facultades inteligentes. Leer y escribir, actividades muy apetecidas en la educación por su conexión directa con el aprendizaje, son ejecutadas por todos, aprendices incluídos, con significativa impericia[12].

En verdad, si hay dificultades para articular en totalidades significativas los datos del entorno; si se complica situar dichos datos en sus escenarios contextuales, en sus marcos críticos de interpretación; si pensar es actividad socialmente obstruida, tales circunstancias podrían juzgarse como “menores” ante el tamaño de las afugias cotidianas:Pirámides que se derrumban, la paz que no se tiene, no se busca y se escabulle. Salarios cada día más mínimos, argucias políticas de dudosa claridad. El hambre que atraganta. Dolores que no cesan. Despidos que acobardan.

Ahora, si la humanidad ha podido sobreponerse a tanta peste, si ni la sifilis[13] ( sifilización) que acabó con Rimbaud, Mussolini, El rey David, el paciente Job, el mal recordado Herodes, ni la tuberculosis que hizo ceder a Chopin, a Musset, a Spinoza, ni menos la sordera de Thomas Edison, Graham Bell ,Churchill, Reagan, y Francisco de Goya (sordera), ni la epilepsia de Jonathan Swift, Flaubert, Dostoïevski, del magno Julio César, de Moliere, no acabaron con la ciencia, ni minaron las artes, ni nunca jamás refundieron la pasión por las metáfora, entonces por qué tendríamos que afanarnos en razón a que el hombre actual, comprenda poco y mal o , como repetía Del val ( 1990)[14], resuelva sus problemas lógicos de manera ramplona, superficial y concreta. Por qué tendría que preocupar la sentencia de que los nacionales alfabetizados comprendan menos de lo que pueden, necesitan, deberían, quieren y presumen.

Con el ánimo de escamotear la importancia de la depresión cognitiva y de “bajarle la caña” a sus repercuciones sociales, también podría decirse, que los problemas de comprensión o del lenguaje han sido, son y serán más frecuentes, mejor soportados y menos incapacitantes que el estreñimiento, los celos, la envidia, y el resfriado. Puede arguirse con aceptables posiblidades de con-vencer, que a pesar de su tartamudez pudieron hablar y hablarnos mucho y muy bien, Lewis Caroll, Aristóteles, Miguel de Cervantes, Darwin , Newton , Churchill , Borges y Virgilio. Puede decirse que Marylin Monroe con su habla ametrallante y disfluente, sigue motivando insomnios y ocasionando más de un tartamudeo. Puede también apelarse al éxito alcanzado( y de qué manera) en el mundo de la política, las letras, las artes, la ciencia y la inteligencia por Da Vinci ,Mozart, Bernard Shaw, Picasso, John F. Kennedy, Eisenhower, Einstein, Galileo, Pasteur, Baudelaire, Maupassant, Einstein, Bill Gates, quienes a punta de talento escaparon de las zancadillas que la dislexia y otros infortunios neurolinguísticos imponen sin recato.

Es cierto. Una peste más, no tendría que ser intolerable. Podríamos superarla –se diría -. Si el mundo sobrevivió a la voracidad de Hitler, al compulsivo instinto carnicero del Ugandés Idi Amín, a la sociopatía sin límites de Jack El Destripador, una epidemía nacional de patosemia, sería mucho menos que una tos inofensiva. Por otra parte, si el continente americano, no salió del mapa, no se volvió incontinente a pesar de los embates sanguinarios de Pinochet, Somoza y Videla, el destino nacional después de una peste de incornprensión, no parece nada pesimista, y, finalmente, si no obstante la cantidad de trabas de este escrito, colmado con sevicia de negaciones y agujeros negros, hemos refrenado las ganas de exiliar a quien lo escribe, cualquier afrenta podría resistirse.

No poder comprender por ausencia de recursos para relacionar y contextualizar, síntomas preferentes de la depresión cognitiva, es una situación teóricamente deficiente que ,como otras, tiene a convertirse en norma social. Si sólo el uno por ciento de nuestros escolares de 15 años, muestran altos rendimientos de comprensión[15], no falta quien interprete que en el país ese uno por ciento de esolares son sobredotados y el 99 por ciento restante, regulares o estadísticamente “ normales”. Toda crisis, toda peste, es derrotable. Con mayor razón la peste del silencio que por su naturaleza es inaudible, indolora, inolora e intangible. Así la depresión cognitiva pueda, como suele ocurrir , no ser reconocida, ser subvalorada o transformada en un rasgo idiosincrático, es urgente, es profesionalmente ético, enfrentarla por lo menos en el discurso académico. Es ése, un escenario pertinente.

“ Nadie podrá quitarnos la esperanza” anuncia una valla cubana levantada en el centro mismo del corazón habanero. Nadie, por poderoso que sea, por cerca que se encuentre. Por eso, maestras y maestros, decanos y decanas, rectoras y rectores, ministros y ministras, hombres públicos y mujeres destacadas, hombres de mundo y mujeres sabias, es indispensable para superar las restricciones intelectuales promovidas por la sociedad y las acciones pedagógicas ortodoxas, quebrar en el discurso y en las prácticas de aula, la hegemonía de los paradigmas dominantes. Es necesario, entonces, repensar tanto las concepciones pedagógicas como las didácticas que a diario las materializan. Es urgente pensar que la misión nuestra sigue siendo “Formar a los futuros ciudadanos para que sean aprendices más flexibles, eficaces y autónomos, dotándolos de capacidades de aprendizaje y no sólo de conocimientos específicos que suelen ser menos duraderos”[16].

Este encargo sólo puede ser cumplido a cabalidad cuando, superando los paradigmas tradicionales, enfáticamente simplistas, los conceptos y las estrategias pedagógicas se dirijan hacia la otra orilla. Es el momento de alcanzarla. Hay tiempo favorable para la acción. Porque si bien

El hombre no está cargado con todos los pecados del mundo…hay un sentido de la responsabilidad histórica que hace al hombre colectivamente responsable de variar lo que puede ser cambiado y que nos recuerda que no actuar es la peor, las más sórdida manera de la acción. [17].

La tarea para hoy es la implementación de prácticas académicas que de manera oportuna adecuada, alegre y especializada, garanticen para al Hombre la esperanza de ser definitivamente el animal mejor dotado, el más apto no sólo para destruir y destruirse ,sino también para hacer de la vida y de su vida un espacio de convivencia creativa y un lugar de encuentro de inteligencias realmente comprometidas solidariamente en forjar un destino grato. Destino en el que la repetición improductiva y el almacenamiento servil de información, sean comportamientos sustituidos por la producción crítica y gozosa de alternativas propias.

Ese es el camino más corto y más genuino para buscar la libertad. Porque educar es liberar, porque pensar es libertad, porque lenguaje es libertad, porque libertad es libertad.


NOTAS:
[1] Psicólogo y Licenciado en Lingüística. Profesor Universidad Distrital, Universidad Pedagógica Nacional.
[2] En una investigación realizada en cinco universidades, en facultades de psicología,Fonoaudiología, Educación e ingeniería con estudiantes de pregrado.Ver, Moreno,jairo.La del lenguaje,última peste del milenio.En: revista Arte y conocimiento, Inpi, Bogotá, 1992.
[3] En: Calvino, Ítalo. (1989). Seis propuestas para el próximo milenio.Ediciones ciruela, madrid.
[4] Muerto en 1985 muy poco antes de que pudiera formularlas en el ciclo de conferencias destinado a académicos norteamericanos.
[5] Psicolinguística genético-estructural,neurolinguística discursiva,lingüística cognitiva.
[6] El reconstituido grupo de investigación en pensamiento y lenguaje SIGNUM, Aula abierta.
[7] : UNESCO, Laboratorio Latinoamericano para la evaluación de la educación, Ministerio De Educación Nacional, Icfes, directivos académicos, maestros y estudiantes.
[8] Nombre con el que se conoce al periódo que siguió a la crisis económica de 1929 y que tuvo efectos recesivos de alto impacto.
[9] “Aquellos que quieren pensar filosóficamente un concepto aislado, sin tener en cuenta a todos los demás, son como médicos que quieren curar un órgano sin tener en cuenta la totalidad del organismo”. Croce Benedetto. La lógica como ciencia del concepto puro.
[10] Lacan, J. Escritos,México, Siglo xxi, 1988.
[11] MORENO,J. La escuela nos hace tan pequeños que no nos cabe lamenor duda”. En: revista Papeles,UAN, Bogotá, 1998.

[12] Formas elementales de escritura ( protoescritura) e intentos lectores insípidos por su literalidad y frialdad, tienden a ser la norma. Aún en las rutinas universitarias.
[13] Las notas que siguen,pertenecen a “Un extraño en mi cama. De las afasias y otros desafios al cerebro, a la escuela y al lenguaje”, artículo en elaboración, que discute la esencia , trascendencia e implicaciones en el aprendizaje de las barreras psiconeurológicas del lenguaje.
[14] Ver, Juan Del Val, animismo y pensamiento infantil, Cátedra, Madrid, 1986.
[15] Pruebas Pisa, 2006.
[16] Pozo, I, Monereo Carlos.El aprendizaje estratégico. Aula xxi, Santillana,Madrid, 1998.
[17] Agostí, Héctor. El hombre y la masa. En: El hombre nuevo, Ediciones Martínez Roca, Barcelona, 1971.

UN EXTRAÑO EN MI CAMA .Redefinición de las afasias y de otros desafíos al cerebro, al lenguaje y a la escuela.











Jairo Aníbal Moreno[3]
Sandra Isabel Jaramillo
[4]
“Había un extraño en mi cama que decía
Ser mi marido. Había extraños en mi casa
Que decían ser mis hijos. . Había extraños
De visita que decían ser mis amigos. Qué
Podía hacer? Cuál era mi lugar
Quienes eran mis familiares? "

Este texto está elaborado a partir de tres propósitos teóricos fundamentales: El primero, reconsiderar desde una perspectiva profundamente transdisciplinar, el “viejo” concepto de afasia, considerado aquí anacrónico, ambiguo y contradictorio. En su lugar, se propone el de Trastorno Neurodiscursivo (TND), de superior cobertura y pertinencia comunicativa; el segundo, proponer una tipología lingüístico-discursiva que de cuenta de la amplia gama de discursos que circulan en la comunicación regular y perturbada y el tercero, sensibilizar cognoscitivamente a educadores regulares y especiales, psicólogos, lingüistas y en general a profesionales de la palabra y el sentido, para que conciban las dificultades del lenguaje y la comunicación, como agresiones a la imaginación, al ensueño, a la ilusión, al símbolo y al discurso, vértices esenciales de la naturaleza humana.

El documento es un relato escrito en tono narrativo. Tiene una textura acentuadamente intimista. Se ha construido a partir (o mejor con el pretexto) de una historia real[5] publicada hace veinticinco años y trasladada años más tarde al cine. Novela y película narran lo sucedido a Beverly Slater, médica geriatra, profesora universitaria, quien por un accidente automovilístico pierde completamente su memoria y posibilidades comprensivas (la red semántica o conjunto de significados y sentidos), quedando en un mundo en donde todo le es extraño: familiares, sol, gato, ascensor, hija, Harold, esposo, cama, espejo, vacaciones, auto, hospital, escuela, amor, palabras, vida y en el que ella misma se percibe como extraña, extrañada y extranjera.
No era un día cualquiera. Ése, había sido acordado siete meses atrás como un día feliz. Estaba señalado con una equis premonitoria en todos los almanaques de la casa. Ese día a las seis de la mañana, saldría y salió con Harold a celebrar en una ciudad cercana y durante dos semanas, el décimo aniversario de su matrimonio.

Nueve celebraciones anteriores siempre postergadas. Ésta sí sería. Fue. Duró muy poco. A las 10 de la mañana estaba (eso escuchó varias veces) en el hospital. Un accidente automovilístico la dejó allí, La dejó así. Sola, en un mundo de ruidos extraños, en una comarca de viejos rostros sin historia.

“Desperté en un mundo brumoso y blanco. Mi cama
Estaba rodeada de desconocidos cuyos labios se
Movían y pronunciaban sonidos sin sentido” (Pág. 16)

Está despierta. Está rodeada y está sola. Se reencuentra con la vida pero no la tiene. Alrededor, todo es nuevo. Nada es comprendido. Los sonidos son ruidos estorbosos que poco o nada le sugieren. Tiene ahora circunstancias de vida dolorosas que le crean necesidades afectivas e intelectuales especiales. En medio de su dolor muchos se acercan. Todos esos desconocidos inician, despiadados, un interrogatorio insulso y fatigante.

Esa misma tarde, “Se practicó una tomografía computarizada de emergencia y ésta reveló una contusión cerebral en el lóbulo frontal derecho y posiblemente en el occipital izquierdo[6]”, reveló con naturalidad y un poco con indiferencia, la enfermera. Beverly, usted es como un recién nacido. No sabe, no distingue, no recuerda, no comprende nada. Es probable que permanezca mucho tiempo así, agregó luego.

Las palabras (así supo un año después que se llamaban) le causaban curiosidad: Mirarlas le gustaba, Harold se las mostraba todos los días. Con el tiempo empezó a distinguirlas, a saborearlas con apetito, a desnudarlas sin pudor. Encontró que se parecían a las personas: unas eran pequeñitas, mofletudas, repuesticas y a veces malolientes como docto, bobo, dogma, coco, caco, cuco, caca; otras, altas, flacuchentas, escuálidas y visiblemente inservibles, como pitillito,fistillifi,fifi, titi,tilin, uribitos.

Una lesión frontal derecha… Es probable que tenga problemas con la estructuración de los discursos no verbales: gestos, dibujos, juegos, emitidos con torpeza sintáctica, propuestos con escaso asomo de creatividad. También auguran los expertos que en Beverly serán evidentes imperfecciones e inadecuaciones de razonamiento, de buen juicio.

- No se preocupe siempre he sido desjuiciada- hubiera dicho mucho tiempo después del cataclismo.

Al tercer día, “La paciente fue devuelta a la unidad de terapia intensiva del departamento de neurología….la tomografía computarizada demostró que había cambios evidentes tanto en la zona parietal derecha del cerebro, como en ambas zonas frontales”. Estaba claro. Además del frente, la frente, lo frontal, territorio visiblemente destruido, Beverly tenía mortificaciones parietales. Lo primero, aminoraba su actividad motora, bloqueaba la iniciativa, castigaba la expresión, inmovilizaba el lenguaje interior[7], Limaba las cadencias entonacionales de su discurso. Lo segundo, el compromiso parietal, le impedía proezas espaciales finas. Comprender implica desplazarse, moverse con agilidad en un espacio mental colmado de significados y relaciones de sentido. Ésa, desplazarse mentalmente, comprender las señales de la vida, será ahora, una tarea complicada.

“Algo me había matado y, sin embargo, yo estaba con Vida. Pero estaba viva sin memoria ni nombre…
Estaba enterrada con vida, en un vacío”.

Enterrada , en un vacío, vaciada de sí. Des-memoriada, des-ocupada, des-conocida, des-protegida, des-truida- des-amparada, trágicamente des-concertada, un tanto des-pechada y definitivamente completamente des-graciada.

¿ Qué le pasa? Para descubrirlo, el equipo de especialistas, inicia la evaluación. Otra tanda de interrogatorios agobiantes:

"Beverly: estás despierta?
-Beverly: sabe usted quién es?
-Sabe usted dónde está?
Sabe quién es esta persona?
Reconoce lo que tengo en la mano? Asienta con la
Mano si lo sabe (Pág. 17)"

Qué tendrá en la mano?. ¿Qué se trae entre manos? No puede sospecharlo. Tampoco se cree que le importe. Como en la escuela, demasiadas preguntas inútiles. Nadie preguntando “las preguntas que uno sueña”. En todas partes, a toda hora, tantas instituciones, con un afán neurótico por los QUIENES, los CON QUIENES, los QUÉ, A QUÉ HORA, CÓMO, en qué renglón, quién lo dijo…Dónde está…, cuál es la idea principal. Los porqués, los para qués, siempre escondidos, nunca preguntados. Un mundo sin razones ni propósitos. Sólo juicios, culpables, pecados y castigos.

“Me resistía a mover la cabeza para complacer a
Aquellos estúpidos. De cualquier manera no podía
Hablar con todos aquellos tubos en la nariz y en la
Garganta. No sabía quién era toda aquella gente y no me importaba. Por consiguiente tampoco sabía quién era Yo. Ni me importaba. Por qué seguían importunándome? "
(Pág. 17)

¿Quien era ella? ¿Un puñado de huesos maltratados?, ¿un cerebro disperso?, ¿unos circuitos neuronales obstruidos? ¿Una mente de-mente? ¿Una demente des-palabrada?

Allí era eso. Nada más que eso: Un cuerpo des-trozado, sin alma, sin pasado y sin destino. Una paciente, la de “la 202”. Allá, al lado derecho, al fondo, frente al parque. Era una paciente, es decir una persona resignada, conforme, sufrida y además de visita en un mundo de cosas y palabras esquivas. En la historia clínica quedó sentenciado que
“La paciente es incapaz de identificar
Objetos, colores o formas mencionadas,
Con una precisión mayor que la atribuible
Al azar. Tiene serias dificultades para
Encontrar las palabras… las preguntas Sobre la biografía personal reciben
Respuestas incorrectas y poco precisas”.
Por el volumen de dudas sin resolver, fue necesario continuar el examen. Debe quedar dilucidado el estado real de sus facultades mentales y de sus realizaciones lingüísticas

Dónde vive?
-Cómo se llama esto?
-No sé.
-Sabe que hora es?
-Qué es hora?
_Sabe leer el reloj?
-Cómo? No entiendo lo que me dice.

No entiende, no comprende, no puede hablar. Sabe que tiene que decir algo, pero no tiene nada que decir; nada que contradecir. Como en la escuela… Cómo hace 28 años, cuando se alistaba para su primer cumpleaños, no habla. No sabe hablar.

“Pobres indios, no saben hablar. Por eso mucha
gente habla en su lugar”.

Con esas palabras recogidas del cancionero popular, saludaba hace 18 años, un editorialista de “El Tiempo”, la noticia de la designación de una mujer indígena latinoamericana para el Premio Nobel de la paz. Con esas palabras podemos también describir la verdad y el destino del denominado sujeto afásico: Un ser sin eco, dueño de un cuerpo dolido, lastimado e inquilino de palabras nunca dichas (¿des-dichas?).

El afásico[8], y dicen que ella lo era, es una persona –Más que cualquier otra- apresada en sus discursos imposibles. Es un individuo dividido, un ser con una brecha enorme entre lo decible y lo verdaderamente dicho; entre lo comprensible y lo verdaderamente comprendido. Es un humano descentrado de su historia para quien capitanear su propia nave se convierte desde el mismo momento de su accidente y del diagnóstico, en un propósito fundamental, pero probablemente arisco. Entonces, mucha gente habla en su lugar. Habla la maestra, lo hace el vecino, habla la familia, habla el terapeuta. Habla el texto, el manual de urbanidad, el código de policía, el catecismo y lo hacen también los dos o tres amigos sobrevivientes de la lástima y solidarios en la aflicción. Todos ellos hablan por él y lo hacen desde una fría situación de extrañamiento.

Sin palabras ni significados, se sentía un ser en proceso de extinción, una extraterrestre en un planeta demasiado terrestre. Ajena, expropiada, extinguida, exiliada en un cuerpo que tampoco respondía. Exterminada, excluida, extranjera. Todo era extraño, dolorosamente extraño.

Había un extraño en mi cama que decía
Ser mi marido. Había extraños en mi casa
Que decían ser mis hijos. . Había extraños
De visita que decían ser mis amigos. Qué
Podía hacer? Cuál era mi lugar? Quienes
Eran mis familiares? "

Un extraño en una cama extraña. Una cama extraña en una vida extraña. Ella misma, una desconocida dentro de sí misma. Un mundo colmado de cuerpos, de cosas, de hechos, de ruidos distantes y agresivos. Tal es el mundo de Beverly Slater y el de aquellos, quienes como ella, tienen el infortunio de padecer de lo que médicamente ha sido denominado de múltiples formas: Afonía rara (Romnel), Afemia (Broca), Asemia, Asimbolia, Alalia o Afasia como desde Trosseau (1.964) se conoce. Afasia, término que en un principio y por definición, no representa, sino desdibuja la dimensión de la tragedia.

Afasia: sin habla, como agrafia es sin grafía; acalculia, sin posibilidades para el cálculo, alexia, sin lectura, anemia, seguramente sin ánimo, afonía, sin voz, anartria, sin articulación. Beverly presentaba afasia, era evidente su “Pérdida o disminución de la capacidad de utilizar o entender el lenguaje” como se anunciaba en su historia clínica. Esa es la letra. Más trágica parece ser la vida. La pérdida del lenguaje, coloca la vida muy cerca de la agonía por tanto desencuentro y tan vecina de la muerte por tanta soledad.

En término AFASIA, encubre una verdad suprema: Lo que por ella se escabulle no es simplemente el habla[9]. No es únicamente la lengua, ese sistema gracioso de signos inventado diariamente por los hombres (hay quienes aseguran que fue por las mujeres) para fastidiar la vida a los demás. No es exclusivamente la comunicación que se agota por las dificultades de interpelar al otro, de hurgar en su palabra, de acceder a su punto de vista. Más que eso, lo que en el afásico huye, es desde el comienzo, el lenguaje[10]: aquella maquinita que procesa signos, ese juguete aún no industrializado que nos regaló la especie para que pudiéramos distinguirnos del resto de animales. A su vez, la ruptura del lenguaje origina en el afásico, un rompi- miento del discurso: sus alternativas de expresión y comunicación de afectos, sentimientos e intenciones.

Entonces, la pérdida o el daño de la máquina simbólica, termina en el quebranto y extravío, de la vida misma. Hombre y lenguaje, hombre y signo, lenguaje y discurso, vida y discurso, no son entidades separables; son, por el contrario, fenómenos solidarios imposible cada uno de explicarse sin el concurso del otro. Afasia es un título contradictorio y subutilizado[11] para nombrar la desventura de un ser humano que sin apelaciones ni defensas se siente condenado a un silencio incómodo y alienante.

Silencio que con el tiempo, Beverly comienza a derrotar. Meses después, dice ella misma

“Comencé a retener los rostros, pero seguía sin
recordar los nombres…A veces no recordaba ni el
mío propio(pág.19)…
"

“Los nombres se me caen, yo misma estoy cayendo”, como exclamaba Laura Avellaneda en la despedida agónica de su bien amado Martín, Martín…Martín…¿Cómo era?. Creo que Santomé.

Once meses después del accidente aquél, ocurrido cuando conmemoraba los diez años de ese otro accidente aquél. La agnosia para los rostros (propsopoagnosia) estaba cediendo. Ya reconocía, caras familiares. ¡Qué bueno¡ no es agnósica. Reconoce a Harold; ya lo siente menos extraño en la cama. Quizás ella le permita desplazar al osito por las noches y termine así el exilio y el ayuno. Reconoce perfectamente colores, olores, formas y tamaños. A pesar de la buena nueva, el neuropsicólogo no disminuye su optimismo: no te apures Beverly, todavía nos falta. Aún “ no reconoces estímulos simultáneos, eres simultagnósica . Tampoco reconoces tus errores, eres severamente anosognósica”.

¡Uy, una enfermedad presidencial, de alcurnia! pensó sin atreverse a pronunciarlo. No reconoce sus errores, buscará la reelección. Pero reelección de qué carajo. Nadie, distinto de la fatalidad la ha elegido nunca para nada. Quizás por su falta de habla, aplique para un falso positivo. No tiene perfil ministerial.

- Tenemos que superar también la anomia. No encuentras las palabras- continúo el neuropsicólogo. Y así es muy difícil convivir. Tienes que esforzarte. Tu memoria sigue bastante fracturada. Las palabras continúan acomodándose en la punta de la lengua.

Por su parte,

"El médico me gustaba, no me
forzaba a recordar quien era yo. Me lo decía y si
él creía que yo era Bervery Slater, pues bien, yo
lo aceptaba…sobre todo si eso lo hacía feliz.
Beverly Slater, Beverly Slater. Al comienzo pensé
Que se trataba de una sola palabra y la pronunciaba
De corrido: Beverlyslater, pero el hombre llamado
Harold me confundía, pues insistía en
Llamarme Bervery. Si yo era Beverlyslater por qué
Insistía en llamarme Beverly?...Además me daba
Otros nombres que carecían por completo de sentido
Para mí: “Querida”, “Mi amor”, “Mi corazón”. A qué
Se refería? "

Sí. Las palabras. Cómo Sobrevivir sin ellas. ¿Quién podría vivir en un mundo sin palabras que pregunten, sin palabras que respondan. Sin palabras que duden, engañen o prometan. Es urgente que Beverly las reencuentre y descubra las ideas que en ellas se refugian. Ahí estaba en principio su problema.

“Eran muchas las palabras que requerían
Explicación: vacaciones, accidente, hospital,
Aventura. Me había llevado por delante un auto. Un
Auto era una cosa grande y se movía velozmente.(pág.17)"

La anomia[12] y esa afasia semántica avanzada, no le permitían conocer el nombre, ni el significado de las cosas grandes, ni de las pequeñas, feas y arrugadas. Todo lo confundía.

“…todavía llamaba a todo el mundo señorita. Luego
Harold me corrigió y me explicó que algunos eran
Señores, no señoritas. Por un tiempo llamé a todo
el mundo – Hombre o mujer- señor. Las enfermeras
eran señor.”


Había que ganarle el combate al doctor Korsakoff, a su síndrome[13], que la había sentenciado a vivir desmemoriada de recuerdos lejanos y presentes

“Un día una pared se corrió y yo entré. Después se
Cerró y quedé atrapada en una caja. De pronto, la
Caja se movió. Me alarmé. La puerta se volvió a
Abrir y salí corriendo y llevándome a la gente por
Delante. Por fin me encontraron y me llevaron de
Regreso a mi habitación. Una enfermera me mostró la Puerta:
-No, no, Beverly, no debe entrar ahí, es el ascensor…”

En alguna ocasión, hubo alarma general. Médicos y amigos se afanaron porque

“Confundía un gato con una ardilla y a mi nieta con El gato por andar ambos en cuatro patas”.

Éstos son fragmentos inconexos de la historia de Beverly Slater. Una historia real la de Beverly, profesora de geriatría, quien a raíz de aquellas lesiones cerebrales quedara en una precaria situación comunicativa.

Una severa afectación de los procesos de evocación, retención y memoria, magnificada por una ruptura de la unidad SIGNIFICANTE- SIGNIFICADO- SENTIDO, dejan a la protagonista en una conmovedora situación de aislamiento. El problema de Beverly admite, como se ha venido advirtiendo, distintos rótulos médicos y neuropsicológicos de acuerdo con las referencias teóricas a las que se apele: Anomia, Amnesia, síndrome de Korsakoff, afasia acústico-amnésica, afasia amnésica, afasia semántica o “Afasia expresiva y receptiva” denominación genérica e imprecisa con la cual se inaugura la historia clínica de Beverly.

Repitamos una vez más, todos los anteriores membretes esconden la verdadera magnitud del conflicto de la protagonista quien mucho más allá de no encontrarle el nombre adecuado a las cosas, cualidades y procesos de su entorno, tiene que aceptar el hecho de vivir desplazada de sí misma, en una existencia ingenua y silenciosa, alejada de todos los placeres, rodeada del sinsentido, el desconcierto y la melancolía.

La verdad es que la vertiginosa progresión y refinamiento de los apoyos tecno-científicos utilizados en la exploración cerebral, ha patrocinado en los últimos cien años, sucesivas reconceptualizaciones[14] de la estructura y funcionamiento del cerebro y en general de todo el equipo bioneurológico responsable -En la base- de las prácticas comunicativas humanas.

Es innegable. Desde que los antiguos egipcios del 2300 Antes de Cristo explicaron las consecuencias que en el lenguaje y la comunicación tienen y tendrán los que en adelante llamaremos trastornos neurodiscursivos[15] (TND); desde que ellos mismos señalaron que eran producidos por un espíritu o humor posesionados de un cuerpo indefenso, no han escaseado ni los planteamientos ni la controversia acerca del problema. Han escaseado eso sí, las respuestas clarificantes a las cuestiones fundamentales: Discursivamente hablando ¿En qué consisten? ¿Cómo impactan la existencia, la existencia social, la existencia afectiva, la existencia simbólica? Los trastornos neurodiscursivos de todo y de cualquier tipo.

Que no quede duda. En cuanto a la descripción del debilitamiento lingüístico-comunicativo; en lo referente a la comprensión de la ruptura discursiva ocasionada por la lesión; en lo concerniente a la preparación de acciones de evaluación y remediación de los desarreglos lingüísticos producidos, lamentablemente la investigación que proviene de la propia ciencia del lenguaje, no ha mostrado los adelantos que en otros sectores disciplinares son fácilmente visibles. De poco ha servido a los especialistas contemporáneos (curiosamente muy comprometidos con los estudios del discurso) la tradición instaurada por el lingüista y filólogo ruso, Jakobson, quien desde Escandinavia, escapando de los rigores de la ocupación nazi, nos envió en 1941 las primeras conclusiones del funcionamiento discursivo, extraídas del estudio de personas con lesiones cerebrales. Los aportes de Jakobson acerca de las modalidades de pérdida del lenguaje, publicados en su célebre texto “Lenguaje infantil y afasia”, a pesar de su claridad, contundencia, novedad y pertinencia disciplinares, pasaron inexplicablemente inadvertidos para la lingüística del siglo veinte.

Tal vez por ello, las expectativas de explicación y redención del sujeto con TND no son, hoy – 148 años después de que Broca en aquél célebre congreso de antropología, encontrara científicamente la afasia - mejor satisfechas que ayer. Siguen siendo para él, para Beverly, para los escolares colombianos amenazados por un infortunio cerebral, la desilusión y el silencio, los límites de su destino. Mientras tanto las disciplinas y las profesiones comprometidas parecen continuar situando con relación a la merma discursiva, buena parte de su optimismo en soluciones espontáneas y azarosas. Disciplinas y profesiones como la lingüística y la docencia[16], no pueden colocarse con relación a los problemas ejemplificados en Beverly Slater, en una posición de retaguardia. Corresponde a lingüistas y a maestros y con mayor razón a lingüistas- maestros, la tarea de comprender y atenuar con acciones y conceptos propios, la magnitud de tales desventuras.

En qué medida y de qué manera han contribuido la lingüística contemporánea, los estudiosos del discurso, los académicos que tienen en el lenguaje su responsabilidad principal, con la explicación de circunstancias pragmáticas del habla como las de Beverly quien además, de anómica, patosémica, tartajeante e inestructurada, tenía una vocación un tanto desbordada por las inadecuaciones comunicativas, por las palabras socialmente disonantes. Oigámosla de nuevo:

“Disfrutaba de mi lenguaje soez al ver cómo se
Horrorizaba mucha gente”
“En una oportunidad Harold pidió disculpas por mi
Lenguaje y ella (una doctora) rió y declaró que los insultos no
Eran nada raros en los pacientes con traumatismos
Craneanos y que con frecuencia, esos pacientes se
Comportaban de manera exactamente opuesta a su
Personalidad habitual. Según ella un monje despertó
Chillando obscenidades.”

Era frecuente que médicos, enfermeras, familiares, sacerdotes, coordinadores de disciplina y convivencia, fueran alertados sobre su vulgaridad.

“A muchos los preverían para que no se
Escandalizaran con mi lenguaje”

Nueve meses después del accidente, entre dormida escuchó

“Tiene un lenguaje muy condimentado le decía
un médico a otro.
Lo oí y quise saber que era
Condimentado.”

Empezó entonces el juego de asociaciones característico de las personas inteligentes:

Las cosas condimentadas son sabrosas. La comida
Condimentada sabe bien. Es apetitosa.
-y yo soy apetitosa?
-yo diría que si, repuso el médico.
Por fin lo sabía. Me iban a comer. La enfermera que
Me traía la bandeja con la comida, siempre me
Decía:
-coma esto. Es muy sabroso. No le parece
Apetitoso?
Le pregunté a Harold si iban a comerme.”

La señalada procacidad de Beverly, otorgaba a su discurso, un aire de inadecuación curiosa y desafiante. Según premisas de la psicolingüística psicoanalítica, se trata aquí de un discurso que ha logrado liberarse de todas las restricciones conscientes e inconscientes. Del verbo que ha conseguido escapar de la represión que bloquea, de la alienación que prohíbe. Es un discurso convertido en palabra desenfrenada en busca de libertad, en metáfora de un placer escindido.

La lesión cerebral (frontal profunda) había creado en Beverly una ventana para la evasión de contenidos reprimidos; su yo había refundido la eficiencia para el control social y la autocensura pragmática. Una alteración de estructuras neurológicas estaría disparando sin apego a reglamentos externos el acumulado de discursos no pronunciados, sino retenidos o secuestrados en el cuarto oscuro de los DISCURSOS IMPOSIBLES. Así como la metáfora es una forma consciente, una recurrida alternativa intelectual para decir lo indecible, esta afectación cerebral concedería al yo escondido y silenciado, al otro yo, la oportunidad de gozar de un recreo libertario. Por eso los comportamientos infantiles de Beverly, de ahí el goce por el juego, considerado desde afuera, desde el mundo social de los valores adultos, como una actitud vergonzosa. Por eso el retorno de Beverly a la vida descomplicada, a los conversatorios y juegos nocturnos con su “Osito”.

Para el ser humano existen y se activan simultáneamente dos tipos de vertientes discursivas (así lo entendió Freud, así lo aceptaron Breton y los surrealistas). Por un lado, los discursos posibles, los oficiales que no amenazan al establecimiento, que no perturban la seguridad democrática, que no opacan la popularidad de los gobernantes. Ellos, ( los discursos posibles, no los gobernantes) escogen el camino de la comunicación. En ella se materializan. Los discursos posibles están orientados hacia él, hacia ella, hacia mí, hacia el otro, que intercambia con nosotros sus ideas, sentimientos y valores y de quienes esperamos que nuestro discurso los informe, los alegre, o lo consuele.

Los discursos posibles, tienden a ser por definición, restringidos. Asumen cualquier código[17] y cualquier modalidad comunicativa. Sobre ellos no recae sospecha ni acusación alguna de contravención. Son discursos legales que en lo general respetan y no subvierten los predicamentos culturales. Ahora bien, esos discursos posibles (orales, escritos, gestuales, icónicos etc.) tanto para la producción como para la recepción tienen en cada sujeto, según sus experiencias, un grado distinto de elaboración o retraimiento. De manera que a pesar de los impedimentos propios de la cultura y de los que suelen provenir del propio hablante o del código que utiliza, el sujeto puede producir discurso más o menos restringido, más o menos flexible y genuino.

En la otra esquina, en el denominado cuarto oscuro, en el inconsciente, esa porción de la estructura psíquica que según Lacan está estructurada como un lenguaje, como el lenguaje, reposan LOS DISCURSOS IMPOSIBLES: el segundo y más amplio grupo de discursos humanos. Son éstos, los que destacan el verdadero tamaño de la represión. Las circunstancias socioculturales alientan o prohíben el acceso a determinados discursos que deben acallarse y requieren transformarse para no violentar el orden establecido (en algunas culturas a las mujeres y a los niños se les impide algunas formas de discurso, el uso de ciertas estrategias, contacto visual o de ciertas palabras consideradas como adultas y masculinas, por ejemplo).

Los discursos imposibles, lo son también por razones menos generales como represiones psicológicas y experiencias particulares desestimulantes, generadas por la dinámica de la cultura, estas últimas fomentan en el sujeto estados de insatisfacción que tienden reprimirse o a resolverse – sublimarse - por caminos alternativos como el juego, la poesía (El arte en general), los lapsus, los chistes, los olvidos, las manifestaciones corporales de alegría, pesadumbre, angustia, incomodidad, etc. Lo anterior significa que si los discursos posibles tienen, para desplegarse, la comunicación como su canal principal, estos discursos imposibles, manifiestan preferencia por lo que se llamaría canales naturales de EXPRESIÓN. (El cuerpo convertido en gesto, en rubor, en postura…) Por estos canales entra en escena información no dirigida hacia par comunicativo alguno. Aquí, el propio cuerpo es el encargado de decir lo impronunciable. En este punto, parece asomar una paradoja: a medida que los Hombres crecen y avanzan en su socialización, se incrementan los recursos del hablante para enunciar ( conocimiento del código, experiencias, significados), pero al tiempo disminuyen sus posibilidades de proferir discurso genuinamente libre. Es decir, aumentan los discursos imposibles de enunciar. También en la misma medida que el sujeto socializado necesita de canales alternativos de expresión para desfogar sus represiones, éstos canales( cuerpo, juego, arte…) parecen menos disponibles.

Un ejemplo de esa naturalidad deliciosa que resulta de convertir en posible lo imposible, en consciente lo inconsciente, es la escritura automática de los surrealistas y, en cierta medida, los intentos de hacer literatura de lo absurdo. Ellos, como Beverly consiguieron transformar en expresado lo reprimido; en vigilia lo soñado; en público lo privado. Así lo recuerda Beverly:

Un día, una enfermera me dijo:
-venga, Beverly. Se duchará.
Por el tono en que lo dijo, me imaginé que sería
Una nueva aventura maravillosa. Me condujo a un
Cuarto de azulejos blancos. Y allí estaba otra vez
Aquel objeto brillante, ahora en la pared. Me
Detuve frente a él, sin saber a quién pertenecía la
Imagen que tenía ante mis ojos.
-Esa es usted, Beverly – dijo la enfermera – venga
Y mírese.

Entonces, con un entusiasmo contagiante

Me ayudó a quitarme la pijama. Sonreí. Me reí a
Carcajadas. Aquella era yo! Apenas presté atención
A mi rostro. Mi cuerpo me fascinaba.
-Ahora muéstreme cómo es usted, dije.
La enfermera pareció incómoda.
- No tengo tiempo –respondió con repentina
- Brusquedad-. Tengo que bañarla.
Después de salir de la bañera, insistí en
- Permanecer otra vez frente al espejo. Comencé a
- Recorrerme el cuerpo con las manos. Me gustaba”(pág. 32)

Le gustaba el cuerpo. El soporte primario de la palabra. El discurso es en la prehistoria ontogenética, corpo-oralidad, palabra anclada en el cuerpo. Movimiento en el espacio, gesto que emerge de manos declarantes; manos que se agitan encontradamente, posturas, ademanes, maneras charlatanas.

En definitiva, el discurso se encuentra doblemente anclado: al cuerpo que lo reprime y origina y al código que lo organiza y legaliza. El cuerpo, al tiempo, relata placeres y sentimientos censurados.

En este punto, la pregunta es: ¿Qué sucede con el sujeto que debido a una lesión neurológica, queda disminuido o impedido corporalmente para expresar desde sí y para sí sus contenidos más personales? ¿Qué pasa igualmente con el discurso comunicado del mismo sujeto que con ocasión de su cuerpo estigmatizado y doliente ve abreviadas sus posibilidades de fortalecer y/o remplazar una oralidad penalizada también por la lesión neurológica? No nos sorprendería encontrar que aquellos contenidos acallados antes del accidente se desplazaran hacia los significantes lingüísticos conservados.

El estilo “condimentado” de Beverly sería en tal caso, un discurso que ha cambiado su empaquetadura; los contenidos, pertenecientes al campo de los discursos reprimidos e imposibles, habrían pasado del cuerpo al código, “de la carne al verbo” (Anzieu, 1981)[18] siendo producidos con acato a las normas del inconsciente, generosas, sin ataduras, con mucho afán de gratificarse con el placer del escándalo y muy a pesar de los reglamentos rígidos de la comunicación social.

De cualquier forma ya se sabía, “hablar puede significar obtener placer haciendo ruido con la boca” (Gori, 1981). Esa es la idea que nos dejan los niños llamados prelinguísticos cuando se divierten con la magia de su garganta. La vocalización se encuentra aquí como una actividad autoerótica que se verá convertida en narcisista, en el placer de escucharse parlotear y después hablar”… “ Hablar es aquí equivalente a hurgar o agarrar; se trata de un comportamiento de exploración corporal del mundo”. “La narración es ese placer de boca”… “El verbo es entonces aquella parte del cuerpo que atrapa como la boca, capta como los ojos, explora y agarra como la mano, acaricia o lastima el cuerpo del otro”.

La palabra que se moviliza de lo imposible a lo posible, es decir, del plano de la expresión al de la comunicación; o del cuerpo al código, ante el dolor narcisistico de una corporalidad vivenciada como carencia, sería una primera alternativa del sujeto con trastorno neurodiscursivo.

Otra alternativa es que ante la imposibilidad del desplazamiento mencionado, el sujeto tenga que resignarse, o bien, a un discurso inexpresivo, plano, sin señas personales, ingenuo, vacío, desinvestido de su soporte corporal, o bien, a una ausencia de discurso o a un bloqueo discursivo y esto porque:

“No hay comunicación significativa sino por el peso
De carne que la vehiculiza por las zonas erógenas o
Dolorosas del cuerpo de donde proviene, o a las
Cuales apunta, por las vivencias corporales y
Después psíquicas que evoca”(Anzieu, 1981).

En Beverly las experiencias con ese microespacio herido que es el propio cuerpo son reveladoras. El jubilo que siente cuando se reencuentra con él , luego de elaborar las pérdidas fantaseadas y las reales, es similar al gozo del niño que descubre en las imágenes del espejo ,que él, como los otros, tiene un yo corporal estructurado ¡Que alegría, existo! Y ¡que temor desintegrarme! Establece con relación a sí misma una relación ambivalente. Ama su cuerpo porque es un testimonio vivo y además organizado de su existencia amenazada, una prueba real de que esa herida, ese dolor, esa sensación de minusvalía son sentimientos injustificados; pero al tiempo le teme a su desintegración como a la muerte[19].

Señalemos en este momento que la tradición afasiológica, igual que la lingüística ortodoxa, han estado preocupadas exclusivamente por los discursos posibles y dentro de ellos, preferentemente por la oralidad, que es una parcela pequeña del gran territorio discursivo. Esta inclinación por lo oral – y en la oralidad, por lo exclusivamente motor - es una tendencia que a las ciencias y profesiones humanas les ha quedado difícil rebasar. Como consecuencia de ello, áreas comunicativas importantes como la recepción (comprensión) y producción no verbales, han recibido una atención científica y profesional no muy considerada.

Ahora bien, dentro de lo verbal ocurre con frecuencia un nuevo sesgo: es la producción y no la recepción la modalidad que tiene el favor de las ciencias y las profesiones de la comunicación humana. Por su parte, dentro de lo verbal expresivo que incluye a la oralidad y a la escritura, la primera modalidad comunicativa ha canalizado mayores entusiasmos investigativos.
Quisiéramos entender aquí el concepto de discurso de manera abarcadora, como un texto con alma; como palabra con sabor a vida, como gesto con marcas represivas, con huellas inocultables de la alienación. Discurso como conjunto de voces ajenas que me preexisten y hablan por mí, tal y como nos enseñó Kristeva; Discurso como lo intuyó Whitman “Mi discurso no es más que el hermano menor de mis sueños”, es decir, discurso como lucha y extravío; verdad y fantasía, o en una versión más operativa: conjunto complejo de expresiones y comunicaciones de un sujeto pleno en unas coordenadas contextuales precisas. El discurso así concebido, no es un objetivo de quienes estudian hoy el lenguaje con sus dificultades. Cuesta mucho escuchar académicamente la palabra vuelta imagen, transformada en juego que emerge de un Sujeto pleno, es decir, de un ser social con historia, afectos, sueños, intenciones- en ocasiones perversas- con ideas, ideología.

En esta dirección, valga aquí introducir, con la licencia de nuestros colegas lingüistas, una propuesta inicial de tipología discursiva que será mejor desarrollada luego: las variantes que proponemos para el análisis discursivo, son: discurso desplazado (transgresor); bloqueado (fragmentado, desestructurado, elíptico) encuadrado ( Literal, nocional e inmanente) ; adinámico (estereotipado, inintencionado, plano); defensivo ( de réplica, agresivo) y, finalmente confabulado ( sobrecodificado, sobregeneralizado, fantasioso).

Por discurso DESPLAZADO, queremos que se entienda, aquél que como en Beverly ocurre, traslada sus discursos imposibles, reprimidos y privados, a la comunicación desplegada sin que tales discursos queden regulados por las leyes pragmáticas convencionales, quedando incursos en transgresiones e inadecuaciones comunicativas. Es un discurso que sublima y actualiza represiones históricas. Este tipo de discurso, se observa preferentemente en hablantes con lesiones o bajo desarrollo de zonas cerebrales. Pareciera asumir una forma regresiva por su “tono” de irreverencia e ingenuidad infantil.

Con discurso BLOQUEADO, hacemos referencia a las fragmentaciones en lo enunciado y en el enunciado, fragmentaciones que van desde el mutismo permanente o selectivo, hasta la ausencia de los conectores oracionales que encadenan los significantes de la cadena discursiva. De acuerdo con la severidad del desarreglo, la segmentación discursiva enseña ausencia de conexiones lógicas mayores, interoraDUVIER10_@HOTMAIL.COMcionales o simplemente intraoracionales ( artículos, preposiciones). Se trata de un discurso agramático, mínimamente fluido, lleno de baches semánticos, con excesos o defectos estructurales, con redundancias o subextensiones sintácticas, con marcado debilitamiento semántico ( anómico).

Por su parte, el discurso ENCUADRADO o literal, es el que circunscribe el acto de comunicación a las circunstancias más concretas, inmediatas y denotativas. La falta de regulación ideativa surgida generalmente por subdesarrollo o alteraciones de zonas parietales, es uno de los determinantes del encuadre discursivo. Se característica por su inmanencia como reflejo de un pensamiento rígido y apabullado por lo concreto. Pensamiento que no se aventura en complejidades reversibles, que repele el sinsentido, el doble sentido, la argucia discursiva. La tendencia es entonces a la superficialidad, a la producción y recepción literal de los significados. El sentido es aplastado por los significados, el contexto por el texto, la lectura de presupuestos, por la decodificación de lo exclusivamente puesto. Se avisa en este tipo de discurso dificultad severa para ir más allá de las particularidades del instante. Es, en esta medida, el discurso plano de la impersonalidad, de lo externo y contingente. La metáfora, el chiste, la ironía, el dicho popular, el sueño, son manifestaciones discursivas marginadas por el encuadrado. Son placeres imposibles. Ese, pareciera ser el perfil discursivo de la escuela nacional.

Cuando hablamos de discurso ADINÁMICO, deseamos destacar una variante discursiva en la que por pérdida o debilitamiento de la función reguladora del lenguaje interior (por bajos rendimientos prefrontales) se produce una merma considerable en la disposición del sujeto para iniciar, mantener y clausurar tópicos conversacionales. La tendencia a la repetición, al estereotipo, la reducción de intencionalidad y autonomía comunicativas, el apego a la copia, a la imitación servil de palabras, gestos y actitudes (ecolalia, ecopraxia), las perseveraciones motrices y lingüísticas, son señales fuertes en este tipo de discurso. En este caso puede presentarse la forma más severa de bloqueo: El discurso queda encarcelado, muere sin nacer. Es la voz del otro, la que manda.

El discurso DEFENSIVO es, en su base, punzante y narcisístico entonado por un sujeto amenazado, frágil en su seguridad y, seguramente, cercado por el duelo. Rechazo, incomodidad, resistencia y agresión por presiones reales o supuestas, son marcas propias de esta modalidad discursiva. En casos como el de Beverly en el que por el drama personal, el sujeto preferiría mejor la comprensión del otro que el acoso de tantos requerimientos sistemáticos, asoma, a veces para quedarse, un discurso defensivo.

“A veces me sentía como una mariposa clavada con un alfiler… Todo el tiempo me estudiaban y me analizaban”.

Cuando sus urgencias y súplicas son otras:

“Quería seguir siendo un ser adulto…Estaba dispuesta a decir cualquier cosa con tal de parecer parte integrante de su mundo de adultos… Deseaba con desesperación que me trataran como a un adulto”.


Por último, el discurso CONFABULADO, es aquél que desborda con desmesura e inadecuación lo real. Es un discurso con textura psicótica, genial y admirado por sus lógicas propias, pero incapaz por su incongruencia interna para sostenerse comunicativamente. Este discurso es usualmente desordenado en su organización formal, semánticamente sobregeneralizado, exageradamente abstracto y funcionalmente descontextualizado. Es el discurso del sueño, de la locura esquizofrénica y de las personas con lesiones profundas del cerebro especialmente en los lóbulos frontales. De los sujetos con síndrome de Korsakoff.

La confabulación[20] es la estética del esquizofrénico. Es metáfora y originalidad desmesuradas. Es alucinación, es sinsentido, es delirio sistemático. Es fantasía que no se cree, es verbo descarnado. Ya lo decía Jung, confabular es hacer literatura. Todo escritor es en gran medida esquizofrénico, se ha fugado de la realidad y a veces de sí mismo. Nosotros agregamos, todo esquizofrénico es un artista, un escritor potencialmente exitoso. Aquí nuestra sentencia: confabula el escritor talentoso por razones de su oficio, pero también escribe talentosamente el confabulador esquizofrénico por sus circunstancias psicóticas. Queda al estudioso decidir si la exaltación que nos despiertan Virginia Wolf, Kaffka, Artaud, está causada por la magia de escritores con suprema condición confabulatoria o por el efecto que produce en la escritura una mente previamente disociada. Ahí sí, como expresó alguna vez Freud ante el acoso de sus detractores románticos y exageradamente victorianos: “Queda para el futuro decidir si la teoría contiene más delirio del que yo quisiera, o el delirio más verdad de los que otros hallan hoy creíble”[21]

[22]Más allá de sus barreras comprensivas y también por ellas, Beverly, presenta un discurso marcadamente desplazado, significativamente bloqueado y funcionalmente defensivo. Perfil discursivo que la presiona para ver que su esposo con quien compartió diez años de su vida y en su cama, es más extraño y menos necesario que su oso de peluche. Perfil que también le obstruye sus intercambios comunicativos cotidianos, la muestra insidiosa, desafiante y natural.

Para terminar ahora sí. es necesario insistir en que la persona que desmejora su actividad comunicativa no sólo está diezmada en su musculatura bucofonatoria. Se requiere reconocer que el operador de la lengua es además de ser biológico, un individuo con aspiraciones libertarias, y al mismo tiempo un sujeto atado, producto y productor de discursos y de cultura. También el humano afrentado por un trastorno neurodiscursivo, tiene una existencia no garantizada exclusivamente por la biología. En definitiva, el sujeto no llega a serlo

“por unas experiencias singulares, ni por su desarrollo autónomo, ni por la maduración neurológica, ni por el despliegue de una libertad esencial, sino que está constituido como tal a partir de requerimientos emitidos por la estructura social y ejecutado por las instituciones”.
Así que

“Con todo el saber que puede alcanzarse sobre el funcionamiento nervioso, con todo lo útil que es, con todo lo necesario que es ese saber en el campo de la biología, no hace y no puede hacer avanzar el conocimiento de la determinación de la conciencia”.
(Braunstein)

Porque como dice Octavio Paz,

“Para que pueda ser, he de ser otro, salir de mí.
Buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia”.



NOTAS:
[1] Este texto corresponde a la ponencia- relato escrita a dos voces que con el mismo título
leyeron los autores en la semana del lenguaje, abril, 2009, en la Universidad Distrital. Para no alterar ni el ritmo, ni el tono del documento, aquí se omite la segunda voz. En su lugar, se adicionan (en pie de página) aclaraciones conceptuales, soportes teóricos y referencias bibliográficas que fueron, por los mismos motivos, omitidos en la lectura.
[2] Los planteamientos aquí consignados emergen y tienen respaldo en un condominio transdisciplinar en el que se destacan la lingüística discursiva ( Benveniste),la psicolingüística psicoanalítica ( Anzieu, Gelb, Gibelo, Braunstein), El psicoanálisis lingüístico-estructuralista ( Lacan), La lingüística cognitiva (Lakoff, Fodor, Langacker) la neurolingüística rusa, el materialismo histórico y el semanàlisis ( Kristeva, Pecheaux)
[3] Psicólogo, Licenciado en Lingüística y Literatura. Docente Universidad Distrital.
[4] Maestra en formación del Proyecto curricular Licenciatura en Educación básica con énfasis en Humanidades y Lengua Castellana. Universidad Distrital. Grupo SIGNUM aula abierta.
[5] Slater, Beverly, Y Leighton, Frances. Un extraño en mi cama, Bogotá, Círculo de Lectores,1984. A esa edición corresponden todas las citas que en adelante sobre ese texto se hagan.
[6] Tradicionalmente, el cerebro derecho ha sido relacionado con tareas no verbales. El dibujo, la apreciación musical, la producción y recepción significativas de gestos, la intuición, la imaginación y, en general, la creatividad, se conciben como actividades reguladas por el hemisferio cerebral derecho. El lóbulo frontal derecho participa con decisión en el control de las acciones. Por su parte, al lóbulo occipital izquierdo, se le atribuye un papel principal en la elaboración de imágenes, especialmente las que tienen contenido verbal.
[7] Concepto enunciado por Lazarus y Stheintal en 1825 y traido a la discusión ciéntifica por Vigostky, Luria y Siguan. El lenguaje interior son las órdenes verbales silenciosas ( esquemas verbales de mando) que el hablante se formula con el triple fin de controlar las acciones ( función reguladora), estructurarlas ( función predicativa) y comprenderlas ( función ideativa).Ver: Moreno,J. El lenguaje interior en el ámbito del desarrollo de las competencias comunicativas. En: Revista Interacción, Universidad Libre, Bogotá, 2004.
[8] Por afasia se entiende la afectación del lenguaje con ocasión de una lesión cerebral. “Pérdida o trastorno de la capacidad del habla debida a una lesión en las áreas del lenguaje de la corteza cerebral”, Según el diccionario de la Real Academia española .de la lengua.

[9] En innumerables ocasiones, el habla se mantiene inalterada en fluidez y adecuación, mientras que la escucha, la escritura, el dibujo y el gesto se perturban. En la investigación neurolingüística ya no sorprende encontrar lesionados cerebrales inhabilitados totalmente para la escritura, pero eficientes en tareas lectoras y también viceversa ( Alexia sin agrafia y agrafia sin alexia)
[10] Aquí le apostamos todo al lenguaje como máquina simbólica encargada en el humano del procesamiento sígnico. Máquina que – proponemos- está constituida por cuatro módulos complementarios: Análisis-síntesis, significación primaria, relación e inferencia. Estos módulos son el sustrato natural de la vida humana, el bastión de la existencia discursiva. Tal y como lo hemos presentado en Moreno,J. Pensamiento , lenguaje y comunicación, Bogotá, Signum, 1994.
[11] Contradictorio, subutilizado y subextentido. Se refiere exclusivamente ( Desde Broca, Jackson Y Freud, hasta, Luria, Caramazza, y Kertess,) a las pérdidas de la palabra, manifiestas especialmente en la actividad de habla. Las dificultades no verbales, están, desde el principio excluidas de la afasia. Se inscriben en lo que neuropsicológicamente se ha llamado apraxias, agnosias, amusias, asimbólias…
[12] La anomia es la dificultad para producir nombres (sustantivos) debido a lesiones cerebrales posteriores, temporo-parietales.Se conoce también como afasia acústica-amnésica (Luria, 2000), o como el fenómeno” de la punta de la lengua”. Se opone a la averbia, o incapacidad de producir verbos ocurrida en lesiones anteriores frontales ( premotoras) generalmente izquierdas.
[13] El síndrome de Korsakoff , es una consecuencia de lesiones cerebrales parietales o posteriores ( Área de wernicke. Se caracteriza por una fuerte amnesia ( anterógrada y retrógrada ) , estados de confusión extrema, cambios notorios en la personalidad.
[14] El cerebro ha sido entendido en distintos tiempos como un sistema de poleas, como una central hidroeléctrica que distribuye líquidos, como una red telefónica con cables que se juntan o repelen, como un sistema computarizado. Todo ello en dependencia de los paradigmas dominantes de la física. Ver: Luria, A. El cerebro y el psiquismo. Martínez Roca, Madrid, 1986.
[15] T.N.D. significa extensivamente, cualquier degradación en las habilidades para emitir o recibir textos orales, escritos, gestuales, icónicos, etc. ocasionada por un problema neurológico. Dentro de la categoría de T.N.D. tienen cabida entonces todos los tipos de incomprensiones y rupturas en la producción discursiva que tienen la causa señalada, independientemente del código (Verbal o no verbal) en el que se encuentren...En este sentido, el concepto incluye las denominaciones desarrolladas por la neuropsicología tradicional de agnosia ( problemas de reconocimiento,) apraxia ( dificultades para la realización de tareas que implican movimientos simbólicos), amnesia ( trastornos en los procesos de evocación , retención y recuerdo) y afasias (complicaciones en la comunicación verbal)

[16] Por la progresiva presencia de barreras que obstaculizan el aprendizaje escolar debido a alas circunstancias especiales de nuestra sociedad,, el sistema educativo colombiano tiene la urgencia ética de prepararse para tal situación. Se estima que casi el treinta por ciento de la población escolar, presenta algún tipo de conflicto o vulnerabilidad: sensorial, cognitiva, afectiva, social o neurodiscursiva. Casi todas ellas impactan el lenguaje.
[17] El concepto de código bien afincado en la tradición lingüística hace referencia al conjunto organizado (sistema) de signos, que existen por fuera y desde antes del sujeto que lo usa; por lo tanto, las nociones de códigos elaborados y restringidos, que sugieren que el código (en sí) es elaborado, versátil, flexible o , por el contrario limitado y rígido, se remplazan aquí por los conceptos de discursos elaborados y restringidos, porque creemos que es el sujeto dentro de los márgenes de autonomía que puede disfrutar, quien elabora o recorta en su discurso, las posibilidades del código.

[18] Ver, Anzieu, D. Psicoanálisis y lenguaje. Kapeluz, México, 1992.
[19] Alegría por descubrirse unificado y miedo por la posibilidad de perder esa unidad. Tal ambivalencia fue descrita por Lacan con el nombre de Fase del espejo. El niño juega ante el espejo, aparece y desaparece (Nace y muere). Verifica su unidad, la goza e imagina , padeciendo, su desaparición.
[20]
[21] Freud, Sigmund. Obras completas. Buenos Aires, Amorrortu, 1980.
[22] En clínica psiquiátrica las confabulaciones, son trasposiciones de sucesos en el espacio y en el tiempo. Es elaboración de historias fantasiosas para suplir los vacíos de algunas pérdidas. Se parece y simultáneamente se diferencia de la mentira: Es una “mentira honesta” en la que el confabulador no tiene intenciones conscientes de engañar. La historia, es su verdad.